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HACIA UN ENFOQUE QUINTAESENCIAL DE LAS CRISIS Y DE LAS ENFERMEDADES

La teoría de las crisis y los conflictos,
puntos de inflexión y cruces de caminos (CCPC)

Salvador Harguindey


Abstracto: Se lleva a cabo un intento de integración de toda la realidad, externa e interna, considerando sus formas de expresión más elevadas y las más bajas. Yendo desde las llamadas experiencias cumbre a las caóticas experiencias abismales, el tiempo, sea en su forma linear, cíclica e intemporal, se percibe y describe dentro de una perspectiva adual, o no-dualista, a través de un modelo espiral y campo unificado. El estudio en profundidad de las mayores crisis y conflictos contribuye a crear una teoría general integral, tal vez quintaesencial, tanto de la creatividad como de la destructividad humana, en orden a integrar el destino, la fatalidad, el libre albedrío y la vocación. Algunos de los ejemplos históricos y literarios más sobresalientes y conocidos son utilizados aquí a modo de ratones de experimentación de un laboratorio psicológico del espíritu humano. Ciertos comportamientos y dinámicas destructivas permiten asimismo alcanzar un mejor entendimiento de la naturaleza del mal con la intención doble de prevenirlo y curarlo.Ya que las experiencias cumbre tienen en común las suficientes características para poderlas considerar "a todas como una", lo opuesto, las experiencias caóticas o de abismo, también pueden hacer que en el fondo los más profundos conflictos y crisis, desde psicoespirituales a políticos, sean todos uno.
ABSTRACT: An attempt is made to integrate reality, exterior and interior, from its highest to its lowest forms of expression. From peak experiences to chaotic "pit experiences", linear to cyclical to timeless time, is perceived in a nondual, spiraling model and unified field. Deep crisis and conflict help to create an integral, perhaps quintessential, general theory of human creativity and human destructiveness, in order to integrate destiny, fate, free will and vocation. Outstanding historical and literary examples become psychological guinea pigs of a spiritual laboratory. Destructive dynamics and behaviors allow to reach a better understanding of evil in order to both prevent it and heal it. Since peak experiences may have enough in common to make them "all one", the opposite, chaotic-pit experiences, can also make the deepest crisis and conflicts, from psychospiritual to political, all one.
"De todas las enfermedades la forma de producción es la misma pero el asentamiento varía. Así que mientras se piensa que las enfermedades son todas distintas unas de las otras, debido a diferencias en el lugar en el que aparecen, en realidad todas tienen una misma esencia y causa." -- Hipócrates

Un enfoque etiológico y universal a la enfermedad y el conflicto. El símil del árbol

Abraham Maslow en psicología y Otto Warburg (1956) en investigación de cáncer dijeron lo mismo: que sólo podemos curar las enfermedades que podemos comprender. Otros, desde Albert Einstein (1954) a John White (1988) expresaron una visión similar, la de que un problema nunca se resuelve al mismo nivel que se originó. En un intento de integrar los efectos de las desviaciones genéticas y microambientales de un "efecto masa" en la patogenia de "la enfermedad" - física o psicológica - se propuso hace años una formulación matemática relacionando tiempo y localización (espacio) mientras se enfatizaba la necesidad de ahondar en profundas integraciones y síntesis en contra de la creciente especialización reduccionista (Harguindey, Katin, Edgerton, & Takita, 1981). Aunque estos esfuerzos fueron inicialmente enfocados hacia el campo de la investigación del cáncer, parece apropiado tratar de llegar ahora a generalizaciones más amplias de un mismo enfoque unitario. Así, la principal limitación de la ciencia moderna no se puede considerar como falta de conocimiento científico, de "datos", sino como una gran falta de intuición capaz de integrar muchas áreas desperdigadas de investigación en campos más amplios y unificados de entendimiento. Por ello, una perspectiva completamente nueva se hace necesaria para abrazar muchos y diferentes campos de conocimiento en síntesis más elevadas a la vez que omni (o todo)-comprehensivas. La meta final sería alcanzar a una meta y megaíntesis del conocimiento - en definitiva, esa tan esperada "teoría de todo" anunciada por Hawking (Hawking, 1988, págs. 155-169). Esta nueva línea de pensamiento considera "el análisis" como un descenso reduccionista en la materia y a "la síntesis" como un nuevo ascenso hacia el espíritu (Aïvanhov, 1988).

El todopoderoso materialismo del mundo moderno ha llegado a hacerse muy astuto para disfrazar lo novedoso de verdadero progreso. Tal actitud de falta de perspicacia hacia la vida humana y hacia la búsqueda de significado demuestra una total falta de entendimiento y comprensión de las más elevadas experiencias de aprendizaje, tales como la existencia de episodios de intuición repentina y/o experiencias "cumbre", o nucleo-transcendentales, como el principal fundamento y raíz de la verdadera creatividad científica (Einstein, 1954). Hasta ahora, la tendencia moderna y posmoderna a desintegrar el todo en partes cada vez más pequeñas (análisis) ha ganado claramente la batalla sobre los esfuerzos dirigidos a alcanzar nuevas integraciones y generalizaciones en cualquier campo de la ciencia o de la medicina (síntesis). Por consiguiente, cualquier tendencia hacia aproximaciones integrales parece estar en conflicto evolutivo con las que estimulan una creciente especialización. De esta manera, el especialista está predispuesto y destinado a "saber cada vez más de cada vez menos". Siguiendo incansablemente este patrón de pensamiento reducionista, el superespecialista parece que puede llegar pronto a "saberlo todo sobre absolutamente nada".

Por el contrario, una aproximación más holística (holonómica) y transpersonal a las ciencias de la vida necesita zambullirse en el con-texto antes que en el texto, la con-ciencia antes que la ciencia, colocando la espíritu sobre la mente y a ésta sobre la materia (Dossey, 1986). Tales esfuerzos representan un intento para recuperar el alma de una comunidad científica des-almada, que es lo que prevalece y triunfa hoy en día (Dossey, 1989; Sheldrake, 1990a; Tada, 1996; Tart, 1999; White, 1988, Wilber, 1998). La presente contribución enfocará también una aproximación integral a la crisis y al conflicto. Representa esto un intento preliminar para describir, de una forma que sea capaz de acoger la totalidad, algunas generalizaciones sobre "el proceso etiopatogénico y de curación", descenso y ascenso, como un esfuerzo hacia una interpretación global y comprensión de la enfermedad física, psicológica y/o espiritual.

Desde el punto de vista del tratamiento, se busca un enfoque radical a cualquier forma de enfermedad psicológica y/o física (aproximación de raíz). En este sentido, para alcanzar el núcleo de un proceso neoformado o neoformativo - desde una degeneración cancerosa a psicológica a social y política - es necesario descender a las profundidades subterráneas y esencia más íntima de un proceso patológico, su "contexto". La situación ideal surge cuando podemos actuar a dicho nivel quintaesencial, dejando fuera, en un segundo plano, las manifestaciones más externas, parciales y superficiales del árbol de la enfermedad, su tallo (aproximación del tronco), e incluso sus consecuencias, manifestadas en forma de síntomas y signos (aproximación de las ramas), que es lo que constituye el "texto" de la enfermedad, o sea, la parte más fácilmente visible, su apariencia externa.

La situación ideal surge así cuando somos capaces de enfocar y definir el contexto energético de cualquier proceso patológico, en otras palabras, su condicionamiento quintaesencial y manantial de origen etiológico. En las diferentes áreas de la ciencia, desde la biología a la fisiología a la física y a la psicología, este contexto ha sido denominado terreno por Pasteur, medio interno por Cannon, campo propiciatorio por Popper, campos morfogenéticos por Sheldrake, campo cuántico-energético y unitivo por Einstein e inconsciente colectivo por Jung: diferentes palabras para una misma aproximación conceptual que compre(h)ende y e integra campo, semilla y raíz, sanos o enfermos. Sin embargo, dicha "perspectiva subterránea" nunca puede ser vista desde la superficie, esto es, con el ojo de la carne y de la mente , es decir, a través del método cartesiano-dualista, o racional). Por debajo y detrás de un enfoque como éste, tan propio del racionalismo moderno, y así de la superficie, una poderosa llamarada de intuición mediada por el ojo interior, o tercer ojo, es lo único que puede iluminar y es capaz de proveer la necesaria visión en la oscuridad para penetrar en profundidad dentro de la esencia de un determinado proceso y hacerse de una vez por todas con su más íntima naturaleza, un método "ametódico" preparado desde el momento de su nacimiento para desenmascarar el núcleo central del problema. Tal enfoque fue denominado "intelecto intuitivo" por Aldous Huxley, "tercer ojo del conocimiento" por San Buenaventura, "conocimiento intuitivo y trascendental" por Spinoza y, más recientemente, "visión-lógico", o "centáurico" por Wliber. Un tipo de entendimiento que puede penetrar en la base Divina de todos los seres (Huxley, 1992), ya que "procede de una idea adecuada de ciertos atributos de Dios y de un adecuado conocimiento de la esencia de las cosas" (Spinoza, 1976, pag. 197-198).

Sin embargo, dicho tipo de investigación en profundidad coloca una extraordinaria exigencia sobre la persona y personalidad del investigador. Así, éste ha de prepararse para ir al fondo de las cosas de una manera altamente comprometida y por un camino no-dual (taoista) entre él y la crisis o enfermedad. La meta y aspiración es llegar a contemplar la totalidad de la situación con la visión del ojo interno de uno desde dentro del núcleo y horno del proceso, estando dispuesto incluso a hacerse uno con la misma enfermedad. Esto llega en el límite a que el investigador y el tema de estudio e investigación no pueden ser considerados como dos entidades distintas ni un momento más. Dicha implicación y compromiso total exige y acarrea en ocasiones un insufrible descenso psicoespiritual, o regresión, y puede dirigir al investigador a unirse coso con codo a Dante en su bajada a Hades, algo nada agradable, expresándolo lo más suavemente posible. La única esperanza ahora descansa en el pensamiento de que la sanación y la salvación brotan desde el centro del mal, una enseñanza "iniciática" que puede ser hallada en diversas fuentes, desde el I Ching a Heráclito, Hölderlin, Aurobindo, Goethe, Dostoyevski y Hermann Hesse, entre otras. Esta superación del dualismo (separación sujeto-objeto) y transformación no-dual - como también sucede en el verdadero amor - con cualquier grave proceso o enfermedad que amenaza la vida, desde física a psicológica a espiritual, sólo puede ser confrontado si se enfoca desde un espíritu metamotivado que se acompaña por un grado muy elevado de empatía transpersonal y generosidad de espírituEl ciclo completo de descenso y ascenso se convierte así en una expedición de "pesca en aguas profundas y turbulentas", en la que probablemente muchos no estarían dispuestos a embarcarse por su propia voluntad, algo muy comprensible. . Por eso este camino consiste en estar inclusos dispuesto a dar la vida por la vocación y misión sentidas. Volviendo ahora a los mismos principios del pensamiento médico moderno, nos damos cuenta de que en realidad no eran en ningún modo dualistas. Hipócrates dijo que uno puede curar únicamente las enfermedades a través de las que él mismo ha pasado, una tesis que corre en paralelo con el adagio chamánico de que sólo el herido puede sanar a otros. Por consiguiente, un viaje descendente, por doloroso que sea, parece absolutamente necesario. Este es también el reto exigido por la naturaleza y por la misma vida (autoconsciente) en orden a conseguir un firme agarre de la propia enfermedad para así poderla traer de vuelta a la superficie, en ocasiones justo antes de ahogarnos y ser tragados por la espiral y remolino de sus propias dinámicas destructivas (Pániker, 1982, 1987) (Figura 1).

En cualquier caso, la mayor dificultad es llegar a desenmascarar un proceso patológico mucho antes de que los primeros síntomas y signos de anormalidad y patología manifiesta aparezcan, es decir, antes de que sus aspectos "exteriores", sus síntomas y signos, broten a la superficie y hagan que una terrible crisis explote. En el contexto de las enfermedades malignas, por ejemplo, este período de aparente salud fue llamado "el tiempo adormilado del cáncer" de la enfermedad por el premio Nobel Otto Warburg (1956). En este sentido, el enfoque subterráneo enseña que ninguna gran crisis aparece de repente, como una tormenta en un cielo estrellado, o sea, de manera espontánea y sin una razón o causa subyacente. Por el contrario, una etiopatogénesis silenciosa, pero subliminalmente viva y activa, siempre se esconde detrás de las cortinas sin poder ser apreciada a veces durante largos períodos de tiempo. Así, mientras que una seria enfermedad o un gran problema puede parecer que no tiene una causa clara y aparente, mostrándose como "espontánea" a un observador externo, esto nunca podría ser pensado así al observador interno o adualista. El secreto es que la mente positivista, empírica y racional, demasiado racional muchas veces, con las limitaciones que ello implica - la moda de los tiempos - es en raras ocasiones, si alguna vez, capaz de concienciarse de la existencia, o reconocer, los patrones ocultos y las fuerzas energéticas destructivas que actúan desde detrás y debajo de la pantalla de la realidad externa. O bien el observador externo y dualista no está preparado para ello o, peor aún, no quiere y/o tiene miedo a hacerlo: En otras palabras, el "científico cientifista y analítico" siempre evitará, y hallará disculpas, para evitar introducirse en el núcleo del problema. Estas situaciones son palpables tanto en el problema del cáncer como en de ciertas situaciones políticas. Negación, estigmatización sistemática de la más genuina creatividad y originalidad, dogmatismo, soberbia y orgullo constituyen siempre alternativas más fáciles; al menos hacen que la vida sea mucho más fácil y confortable. Por si fuera poco, así también se puede ganar más dinero. Pero el precio a pagar por dicha elección es que por esa vía dualista y superficial la verdadera creatividad, incluso la verdadera vida, son asesinadas e irremediablemente perdidas. Y la búsqueda por la verdad también.

Por lo general, cualquier proceso de enfermedad grave dejado a sí mismo acaba en algún tipo de crisis. La aparición de una gran crisis indica que un conflicto profundamente asentado se halla necesitado de resolución. En orden a alcanzar una restitutio ad integrum, o verdadera sanación, la rama ascendente y curativa de un proceso anormal ha de seguir siempre la tendencia opuesta que lleva a la etiopatogénesis y aparición de la enfermedad. Ya que bajo ninguna circunstancia es del todo imposible analizar y acoger, no digamos ya controlar, la multiplicidad de factores involucrados a incontables niveles de organización en todo proceso degenerativo - lo que limita el enfoque cientista-reduccionista - una actitud más comprehensiva y holista se convierte en esencial para descubrir las vías finales comunes que lideran cualquier proceso patológico. Esto exige una "trascendencia de niveles", un salto hacia un todo más sintético, elevado y abarcante, y tal logro tan sólo puede ser alcanzado si previamente se accede a un tipo de conciencia más ascendida y expandida que el nivel de manifestación del conflicto o problema en cuestión. Esta actitud representa asimismo un salto hacia lo desconocido, pero uno totalmente necesario que abrirá caminos anteriormente impensados y jamás recorridos con anterioridad por ser alguno, así como nuevas esperanzas y una "salvadora apertura del futuro". Este caminar sobre el problema mismo, que significa una completa ruptura de planos, es el tipo de aproximación científica que fue descrita en los estadios iniciales del descubrimiento de la física cuántica y relativista (Dossey, 1986, pág. 243; Wilber, 1987). Ello ocasionó conflictos psíquicos y físicos en ocasiones extraordinarios a los primeros pioneros en dichos campos científicos.

Acontecimientos genuinamente transformadores han sido asociados con la instauración de diferentes nuevos paradigmas en la epistemología de la ciencia (Kuhn, 1975, pág. 146). Estos tremendos cambios son generalmente precedidos por un período de tiempo durante el cual el paradigma previo y su modelo de pensamiento ha agotado casi todas o todas sus posibildades y el nuevo paradigma aún no ha llegado. Un elevado grado de confusión, incluso violencia, puede llegar a instaurarse en situaciones en las que el nuevo mundo y la nueva concepción de la realidad no han nacido y los viejos están agonizando (Wilber, 1999). Este interludio en "tierra de nadie" puede ser extremadamente conflictivo, inestable, e incluso peligroso: el período interparadigmático. Desafortunadamente, esa parece ser la situación actual del mundo, tanto en la naturaleza, ecología, desarrollo humano, medicina, sociopolítica, la situación global, la espiritualidad, etc. Estamos inmersos en unos tiempos de crisis y conflicto, cuando el tan necesitado ascenso de la totalidad de lo real no se hace todavía posible, tal vez porque la nueva idea no se ha materializado aún de una forma madura sobre la superficie de "lo dado", utilizando la terminología de Hegel. Esto puede ser secundario ya sea al hecho de que la piedra angular de la configuración y edificio de la nueva vida no se ha plantado lo con la suficiente profundidad dentro de la (buena clase de) tierra, o porque la simiente es de mala calidad. En cualquier caso, en un caso u otro, la nueva realidad insiste en esconderse de nuestra vista.

El primer período interparadigmático:el camino descendente. El ejemplo del cáncer

Los cambios evolutivos a punto de llegar son anunciados por lo general por las mentes y conciencias más sensibles y desarrolladas de los tiempos, el así llamado "borde cortante" o proa de la evolución" (Capra, 1985, pág. 309; Ferguson, 1985, págs. 221-222; Kuhn, 1975, págs. 150-151, 153-154). En el actual momento interparadigmático, lo que parece que hace falta es "encontrarse con" una profunda piedra angular que cimente el nuevo edificio del llamado "nuevo paradigma". Hasta entonces, cualquier intento de construcción de una visión mundocéntrica y universal que esté basada en un enfoque de "lógica cosmovisionaria" (Wilber, 1999, págs. 102, 116) para la vida humana será como tratar de construir castillos en el aire. Mientras tanto, ese tan urgentemente necesitado cambio metanoico hacia una nueva megasíntesis del conocimiento (¿una vez más la nueva "teoría del todo" preconizada por S. Hawking?) se hace imposible (Figura 1, área K a B).

El modernismo parece que ha provisto a la humanidad con la mayoría de sus éxitos y fracasos, algo de ilustración e iluminación al principio y una creciente oscuridad más adelante. Ahora ha llegado el tiempo del cambio, no en el sentido de una traslación al mismo nivel sino de una verdadera transformación y ascenso (Wilber, 1999). Así, desde un estadio y/o dimensión cuántico-relativista y supralaberíntica se puede apreciar que lo que se necesita es algún tipo de enfoque quintaesencial a la esencia y dinámica de las grandes crisis y conflictos. Se hace necesaria también una comprensión mucho mejor y más profunda del fenómeno de la penetración intuitiva y de la creatividad "desnuda" (Harguindey, 1998, ch. 14).

Como sugiere el adagio de Hipócrates al principio de este escrito, la patogénesis de un conflicto que se dirige a la irrupción del punto más bajo de cualquier crisis parece seguir patrones muy similares, o incluso el mismo patrón de desarrollo. Esto puede ser aplicado a los problemas científicos, sociales y políticos más serios, así como a los de índole personal, ya sean estos últimos de naturaleza física, psicológica y/o espiritual. Por consiguiente, si no se interfiere a tiempo con una dinámica descendente y regresiva (Figura 1, puntos K, B y M) (Washburn, 1995, cap. 7; 1999, pág. 34) en el sentido de "medicina preventiva", antes o después dicha ceguera y falta de concienciación permitirá la explosión del centro nuclear del conflicto. Esto se exterioriza en forma de dolor, sufrimiento, desgracia, tragedia y otras muchas realidades destructivas, incluso en la muerte. La repentina manifestación de una crisis fragmentadora y destructiva - desde un episodio psicótico a un ataque cardíaco o a la instauración de una violencia política revolucionaria - puede ser comparada al comienzo de un terremoto. Consiste en una devastadora revelación de que somos incapaces de predecir cuando y cómo dicha erupción va a tener lugar, ya que la mayoría de las veces se manifiesta, en apariencia, sin aviso previo alguno. Por lo tanto, aún nos queda aprender a ser sensibles a los entretejidos y contextos predeterminantes que eventualmente llevan al estallido final del volcán o terremoto en forma de una brutal manifestación de la crisis (Figura 1, punto C).

Las dinámicas subyacentes de los pre-procesos específicos han de ser asimismo situados dentro de otros contextos subjetivos e intersubjetivos más profundos. Estos pueden ir desde trasfondos propiciatorios de tipo energético a campos morfogenéticos y neomorfogenéticos (de neo-plasia) (Harguindey & Gillis, 1981; Harguindey, Antón Aparicio & Martín Algarra, 1989; Harguindey, Pedraz, García Cañero, Perez de Diego & Cragoe, 1995; Harguindey, Pedraz, García Cañero & Katin, 2000). Este intento de comprender la totalidad exige - incluso en el campo de la investigación de cualquier área de la medicina, y sobre todo en el de las enfermedades malignas - una aproximación integrada y hermenéutica a la patogénesis del cáncer, e incluso al tratamiento. Esta "enfoque de semilla y raíz neomorfogenética" fuertemente indica la presencia activa de contextos implicados oscuros y escondidos que preceden y predeterminan de forma considerablemente rígida la manifestación de uno u otro proceso anormal (Harguindey, 1998, pág. 595). Esta perspectiva, que sigue enterrada a la vista del ojo racional, empírico y reducionista, permite sin embargo escarbar en profundidad en las raíces y simientes subterráneas de la etiología de la enfermedad. Antes o después, al alcanzarse un cierto nivel (neo)energético se activará automáticamente un efecto masa que transformará la cualidad - energía- en cantidad - masa (tumoral, en este caso)-, condicionando así una u otra manifestación de una realidad externa patológica e insalubre. En consecuencia, una "aproximación o enfoque subterráneo o radical y de raíz", parecida al que pertenece al nivel de estudio e interpretación de los patrones de conformación de los campos cuánticos de la física teórica, puede ser aplicada a diversas áreas del entendimiento.

Desde antiguas filosofías orientales tal como la descrita en el I Ching - una especie de I Change o "Yo Cambio" - a Heráclito y otros destacados pensadores modernos, se acepta que la espiral giratoria de la rueda de la vida tiene sus ramas ascendentes y descendentes. Estas ramas están ordenadas y predispuestas para completar ciclos cósmicos completos (Eliade, 1994; Panikkar, 1993, 1998) (véase también Figura 1). Los ciclos cósmicos, si se miden exclusivamente en tiempo linear, pueden durar desde instantes a eras o eones enteros. Al principio, el estancamiento y la inestabilidad dentro del brazo descendente de un período de ruptura interparadigmática (Figura 1, zona J a K), ya sea en los aspectos personales, sociales, científicos o espirituales del crecimiento, sigue el patrón de una tendencia degenerativa. Este tiempo de deterioro, si se abandona a sí mismo, eventualmente nos dirigirá a una situación de caos (punto C). La "zona B" de la Figura 1 estimula la creciente formación de "radicales libres", se considere la arena psicológica o la política, revolviéndose casi por azar y estándose todo instante en tránsito entre estados de energía y órbitas diferentes (¿la física de la psicología?).

El área B a C representa el margen, el límite. Cuando la dinámica descendente se aproxima al punto de caos (Figura 1) se instaura progresivamente un "tiempo cataclísmico y apocalíptico". El punto crucial más bajo o punto C, se convierte ahora en una "experiencia abismal" (pit experience) en contra de las "experiencias cumbre" (peak experiences) de Maslow, que son experimentadas en los puntos D y H. Entre B y C el poder de las dependencias y apegos negativos de los viejos caminos y formas de ser intentan prevenir la activación de la caída final, que por otra parte puede ser ineludiblemente necesaria para poder rebotar desde el fondo de la crisis. Este mecanismo de defensa subterminal, paradójicamente, al tratar de aliviar el dolor tan sólo prolonga la agonía. Así, desde una perspectiva espiritual, el alma (al menos la de Dante) necesita de alguna manera llegar a tocar el fondo del mar de la oscuridad, su propio infierno y caos, antes de atravesar nadando la rama descendente-ascendente de la espiral para subir hacia la superficie y no ahogarse en la experiencia de un pozo sin fondo (bottomless pit, el infierno bíblico en inglés). Así que antes de que cualquier orden nuevo tenga una verdadera oportunidad de adquirir una forma de establidad reorganizada (reconstrucción), el final de a rama descendente (deconstucción) y el fondo del (¿"curativo" en último término?) ciclo cósmico, crea una gran cantidad de dolor y sufrimiento, disasociación, fragmentación y regresión. Este tipo de patrón integral puede ser también aplicado al entendimiento que Mircea Eliade (1994, cap. 4) ha llamado "el terror de la historia". Eventualmente, una progresión incontrolada de la tendencia descendente reflejará un bloqueo total (ver el I Ching, "El estancamiento", 1967, pág. 129) conllevando en ocasiones fuertes componentes destructivos (sádicos) y/o autodestructivos (masoquistas), ya se refiera a la persona o a la sociedad enferma.

El estadio descendente significa que todavía no hemos hallado los eslabones necesarios para volver a unir la aún fragmentada cadena, haciéndose entonces imposible la integración, la salud y el crecimiento. Lo que sucede es que las dos esquinas del profundo abismo debajo nuestra todavía están demasiado separadas para poder ser saltados de un lado al otro. La excesiva cesura de los bordes de la herida (de física a psicológica a espiritual) implica y sugiere que el comienzo de un proceso de unión, de coser la herida y así de curación (la rama ascendente) todavía no puede tener lugar. "Allí abajo" la oscuridad total y el caos señalan un estado de máxima desintegración, disociación inferior e involución entre diferentes "vidas", perspectivas y actitudes (Washburn, 1990). Finalmente, la situación precrítica descendente (zona K a B) está imbuida con una connotación de una cierta "necesidad predeterminística" que precede a cualquier posibilidad de transformación, iluminación y rebote hacia reinos de la existencia más elevados, tanto subjetivos como objetivos (Grof & Grof, 1992). Esto posiblemente representa, y trata de describir y ahondar en, algunos de los significados fundamentales de una concepción teleológica de la evolución.

Dentro del camino descendente, las fuerzas negativas, destructivas y de involución (thanatos) demuestran la suficiente fuerza para derrotar fácilmente cualquier esfuerzo vital y positivo (eros). En dicho intervalo "raskolnikoviano", como situación mental anormal propia del conocido personaje de Dostoyevski, (Figura 1), puede llegarse incluso a instaurarse un estado de violencia indiscriminada, lo que se manifiesta como enfermedad incurable. Bajo dichas circunstancias tan estresantes, el papel de la auto-contracción, la destructividad y la muerte pueden manifestarse y verse como "superiores y más valiosas" que los valores del crecimiento, la paz, la creatividad y la vida (Buber, 1952, pág. 130-131). Más aún, esta situación puede durar incluso bastante después de que el Punto C de caos total ha sido completamente superado (segundo período de ruptura interparadigmática), y alargarse al principio de la rama ascendente, tiempo de renovación y regeneración (metacosmesis) (rama F, Figura 1). Algunos de los aspectos más negativos y dolorosos pueden continuarse hasta llegarse a una resolución completa del problema de fondo o al menoa hasta que una clara apertura, una "ventana de oportunidad", en la terminología de Trías (1994), es percibida al final del túnel.

El tratamiento del fondo de la crisis necesitará considerar y habérselas sucesivamente con: 1) la fuerza e intensidad paralizadora de la situación descendente así como con la conflictiva situación interparadigmática (rama B); y 2) el agudo empeoramiento final de la crisis de crecimiento (punto C). Lo último puede manifestarse también como una tormenta de la mente y del alma (brainstorm y "soulstorm"), una emergencia física y/o espiritual (Grof & Grof, 1992) que se mueve en el mismo territorio de arenas movedizas de un episodio psicótico agudo y/o un ataque de pánico. El significado evolutivo y de crecimiento de este vivir en estrechos borrascosos sólo se puede reconocer a posteriori, ya sea por el mismo individuo que se ha visto inmerso en la crisis o por su equipo de soporte y ayuda, familiar o médico. A veces la reacción en cadena y círculo vicioso destructivo (en forma de una rápida revolución de la rueda más allá y/o por debajo del punto C) será imposible de detener. Esto puede ser aplicado tanto a las disciplinas psicológicas como a las sociopolíticas (Rotheberg, 1999, pág. 42). En dicho punto de inflexión crítico y cambiante, crucial cruce de caminos con fuego cruzado desde todos los lados (CCPC), la salvación sólo puede ser hallada a través de la adquisición por el espíritu individual del necesario grado de desapego del problema en sí que le permita aceptar la presencia activa del caos como parte del sistema vital (la llamada "capacidad de testigo").

Por otra parte, el concepto de "efecto masa" ha sido pensado como la necesaria cantidad de energía acumulada para alcanzar el nivel mínimo requerido para inducir un "salto cualitativo" instantáneo que conduzca a la transformación. Durante el tiempo en el que la involución máxima, una gran disasociación, ruptura e hiperpolarización de cualquier sistema (el estado hiperdualista) se acerca, y si el paciente no consigue desapegarse e independizarse de todo ello lo suficiente la situación entra en el vórtice de la tormenta de su mente y espíritu. Esto puede dirigirnos hasta un agujero negro de densidad y gravedad infinitas convertido ya en un infernal abismo, el pozo sin fondo de una noche oscura de los sentidos y del alma. El "benditos son los pobres de espíritu" se ha transformado ahora en su opuesto, apareciéndose como un "malditos son los ricos de espíritu". En este punto, una llamada de emergencia del ego que se fragmenta y astilla irremediablemente, una que ruega por un profundo sentimiento positivo de emoción y humildad es urgentemente necesitado ya que la vida entera está en juego y ella y la muerte existen juntas en el mismo cruce de caminos. En esta situación preterminal, que parece hallarse más allá de cualquier esperanza de recuperación, todo tipo de ayuda es bienvenida. Continuos ataques de pánico y un sentimiento inacabable de inminente catástrofe dominan el cuadro. Si en las experiencias cumbre en el punto D, la intensidad humana más elevada que se pueda concebir, e incluso la grandeza, se funden, la superación de una experiencia completa en el fondo del caos también puede revelar que a los seres humanos, incluso durante las peores circunstancias, puede permitírseles tocar y sentir su más íntima y verdadera naturaleza divina (Frankl, 1979).

En el cruce de caminos: dentro del caos de la crisis de Hamlet. El punto C

En el punto C (Figura 1), la tormenta cerebral se ha transformado en un tornado y la conciencia en una espantosa pesadilla a cada instante. Ahora el espíritu se mueve en el ojo del huracán y la infinita gravedad de su propio agujero negro le atrae hacia su centro, lugar del que parece que nada será capaz de escapar. Sentimientos premonitorios previos a la peor fase de la crisis son traídos a colación en ocasiones por una retahíla de trágicos presagios anunciadores (Tolstoi, 1990). Hasta ahora, sin embargo, estos habían sido mayormente despreciados e desatendidos, más o menos voluntariamente, consciente o inconscientemente. La experiencia de vivir en un oscuro pozo sin fondo crea una terrible presión y contracción del tiempo linear. La zona B a C de la espiral puede mostrarse a sí misma a través de un abigarrado complejo de síntomas y signos "irracionales" que a su vez inducen o expresan un enorme nivel de confusión ("crisis tipo Hamlet"). Aquí, el tiempo linear-racional cesa de existir y/o encuentra sus límites en el cruce de la parte más baja de la espiral de la vida (zona C, "tiempo tangencial"). Esta es una espada de doble filo que, por una parte, crea un muro entre el individuo y el mundo externo - tal vez protegiendo así a ambos, al uno del otro - pero, por otro lado, ayudará finalmente a desenterrar ese poder mágico de una intuición profunda y una superior penetración intuitiva que hasta ese momento había estado enterrada en el inconsciente. Esto permite acceder al entendimiento de que los misterios incomprensibles para la inteligencia racional pueden ser enfocados y explorados desde otras perspectivas y de maneras diferentes (transracionalidad). Sin embargo, dentro de este estado tan doloroso y estadio cruciforme (de "cruce" y de "cruz") ? el llamado punto de inflexión crucial y de fuego cruzado - al sujeto tipo-Hamlet que soporta la experiencia puede incluso hacérsele imposible distinguir ya lo que es realidad externa de su propia subjetividad interna ,y lo real de lo irreal e imaginado, mientras que ahora lo que le urge es buscar ayuda en el "más allá". Bajo estas circunstancias el individuo afectado no puede detener su mente, a veces ni por un instante, ni sacarla de todo tipo de procesos automáticos que ahora quedan mucho más allá de su voluntad y control. No siendo capaz de hallar un sólo momento de paz y consuelo, el ser se siente torturado como si todos los poderes de la naturaleza se hubiesen aliado contra él, o contra ella. La persona "hamletiana" puede, por ejemplo, pensar que está maldita de por vida, sentirse "poseída", o inclsuo lamentar profundamente el haber nacido.

En dicha situación la comunicación con el mundo exterior se ve severamente disminuida, e incluso completamente abolida. El aislamiento espiritual, la soledad de la mente y el dolor constrictivo del alma pueden llegar a ser absolutos e insoportables. Esta situación de emergencia psicoespiritual puede acompañarse de un síndrome muy grave, doloroso y difícil de interpretar, incluyéndose en él una severa sintomatología multiorgánica que ha sido descrita en otras publicaciones (Grof, 1985). Extrañamente, en un momento determinado la forma más profunda de intuición parece comenzar a llamar desde el fondo de ese océano de experiencia. Desde la absoluta oscuridad, algo, de alguna forma, está tratando de empujar desde abajo, a modo de ángel custodio, a la situación entera para hacerla rebotar y elevarla hacia la superficie. El conflicto y la crisis más profunda sostiene así la promesa de un potencial curativo de crecimiento y superación, un nuevo ascenso hacia la reintegración que posibilitará eventualmente la recuperación de una armonía preestablecida (Grof & Grof, 1992). Esta calle de "dos direcciones", descendente y ascendente, o retroprogresiva (Pániker, 1987) parece esconder dentro de sí el potencial revolucionario para dar la vuelta (de arriba-abajo, o viceversa) a la rueda de la fatalidad y el destino. Por consiguiente, la crisis y el conflicto finalmente facilitan la aparición en lontananza de un nuevo camino y conducen hacia una nueva síntesis unitaria de la vida y de la naturaleza. El cambio de dirección hacia arriba puede conducirnos a su vez a nuevas teorías sobre la motivación y metamotivación humana, colocándonos en una situación de ventaja para aspirar a un mejor, si no completo, entendimiento de la naturaleza humana, desde sus aspectos de máxima creatividad a los de máxima destructividad. Esta superación de la propia naturaleza y de nosotros mismos puede dirigirnos al nacimiento, desarrollo, despliegue y actualización de nuevos paradigmas (puntos D y H). Esto también puede permitir al ser diferenciar y sintetizar a la vez dos de los componentes del tiempo, el cíclico y el linear, transformando y elevando la naturaleza humana a una situación transpersonal totalmente evolucionada y madura y a la vida humana en general a una concepción completamente nueva (metanoia, Edén transpersonal, eterno presente, enantodromia (Oxford English Dictionary, 1989) (ver Figura 1, punto G).

El agujero negro del alma

En el punto C todo se mezcla y hierve en la misma caldera de una fáustica y confusa cocina de brujas: lo que es real y lo que no es real; el tiempo y lo intemporal (y/o eterno); lo que el sujeto debería hacer y lo que no. Ahora, dentro de una confusión total lo que la mente piensa que es bueno puede ser el peor de los males y maldades. El sentido del tiempo linear (chronos, paso del tiempo) puede llegar a perderse por completo; incluso un instante puede parecer que es interminable y durará para siempre. Todo se detiene en apariencia, semejando a una muerte. Por el contrario, las horas y los días, dentro del trance de este "tiempo incambiable", pueden, paradójicamente, transcurrir sin darnos cuenta. Una pseudoeternidad parecida a un infierno se opone a los maravillosos "momentos interminables" de las experiencias cumbre descritas por Maslow. Las palabras, ya sean habladas o escritas, son inútiles para expresar la profundidad e intensidad central de esta experiencia de astillamiento y desintegración de la personalidad y naturaleza humana. El impacto desestructurador y fragmentador de tal proceso experiencial queda mucho más allá de todo tipo de posible control, constituyendo el epicentro de un terremoto psíquico y del espíritu, también denominado por otros "la intersección de un momento atemporal" (Waldrom, pág. 103; Washburn, 1999, pág. 259). El mismo Dante intentó explicarlo a través de las siguientes palabras: "¡Qué inútiles son las palabras para expresar el concepto, y qué pálido el concepto para expresar lo que vi!". En esta situación de total confusión "ser o no ser" deja incluso de ser la pregunta correcta ya que se hace imposible discriminar el significado de "ser" y de "no ser" como dos ideas o conceptos separados y distintos.

Un terremoto de naturaleza psíquica ha cogido al yo por sorpresa arrastrándolo a una fase involucionista final con una explosión a modo de Big-Bang. Estos episodios podrían ser considerados o redenominados "experiencias de pozo sin fondo, o de infierno", contando con las connotaciones religiosas que esta terminología conlleva. Allí, en dicho estado de conciencia, el alma humana se ve imposibilitada para escapar del agujero negro mental y espiritual dentro del cual su espíritu ha sido succionado y tragado. El ego, ahora destrozado en mil astillas, se ve a sí mismo en una completa indefensión, incluso alienado y separado de los últimos restos de sí mismo. La persona que atraviesa esta experiencia siente que ha alcanzado un clímax negativo que anuncia su destrucción final (Washburn, 1999, pág. 249). Dentro de este estado y estadio tienen lugar todo tipo de alucinaciones, pudiendo mostrar en ocasiones la presencia de un oasis psíquico de la conciencia que se aparece espuriamente en frente de los ojos del espíritu. La detención y la parálisis de toda la vida subjetiva, tal vez como mecanismo de autodefensa, puede anunciar un estado autístico-catatónico que sólo es toro muy de cuando en cuando por la rápida e inesperada aparición de brutales ataques de pánico, que insisten en un sentimiento inacabable de estar siendo continuamente torturado, y donde cualquier signo de esperanza se desvanece por completo. Este estado mental es transmitido por el conocido dicho de Dostoyevksi: "Si en el infierno hubiese un dolor físico, sería un alivio", y por el de Teresa de Jesús: "Muero porque no muero", aunque estas últimas palabras puedan conllevar en nuestro contexto un significado mucho más desesperanzador que el inicialmente intentado por la mística española.

El bien y el mal en la paradoja de un cruce de caminos: algunos ejemplos literarios.

Tiempo de Abraxas e intemporalidad.

¿Hacia una teoría general de la destructividad humana?

En el punto C de caos máximo el bien y el mal parecen perder su antagonismo, separación y confrontación. En él la supervivencia a cualquier precio es el valor último. Sin embargo, algunos componentes de sus contrapuestos "puntos D" pueden interferir e inmiscuirse aquí. Así, un sonrisa puede acompañar a la desesperación, hasta la oscuridad absoluta puede verse alterada por un tímido rayo de luz. Dentro de o alrededor del punto C la totalidad de lo real puede mostrarse como un único flujo de energía primordial que varía sus aspectos externos siguiendo contextos propiciatorios y estados de energía predeterminados así como "predeterminísticos" (adualismo taoísta, advaitismo). La mente se halla entonces indefensa para resistir el peso y agobio de pensamientos malevolentes que pueden moverse a su aire y sin control alguno "sobre los límites de la cabeza". (Washburn 1999, pág. 236-239: Juan de la Cruz, 1996, pág. 135). Es el "tiempo sin tiempo" de la coincidencia de los opuestos o mysterium tremendus. Aquí la noche oscura del alma se sobrepone a la noche oscura de los sentidos del místico español, anulándose separación alguna entre ambas. Sin embargo, si el intenso dolor y las tentaciones negativas son resistidas y el ser es capaz de independizarse, o desdoblarse lo suficiente, de su propia crisis, hasta el punto de convertirse en "un testigo de sí mismo desde afuera", su propio testigo, la conciencia del hombre viejo finalmente muere y el hombre nuevo nace (Grof & Grof, 1995, pág. 152). A pesar de todo, hasta que la transformación total tiene lugar la racionalidad del mundo externo se aparece como irracional para cualquier espíritu humano que se mueva en el final del período descendente. No hay que olvidar que el racionalismo considera irracional cualquier tipo de intento de superación de estas arenas movedizas del proceso evolutivo espiral, tal vez porque ningún tipo de salvación parece aún posible. El alma, espíritu individual, todavía se halla en inminente peligro de ahogarse en las "grandes aguas" del la estruendosa y violenta tormenta.

El tiempo linear ha desaparecido dentro de la atemporalidad (¿la nada?), uniendo simbólicamente lo divino con lo demoníaco en el mismo universo psíquico ("el tiempo de Abraxas"). Abraxas fue el nombre que Hermann Hesse concibió como la divinidad cuya tarea simbólica es la unión de los elementos divinos y diabólicos (Hesse, 1978, pág. 78). En ese desafortunado presente eterno de Maldición Divina, el cielo y el infierno no son experimentados como dos opuestos, cuantitativa o cualitativamente, sino como dos fuerzas complementarias perteneciendo ambas a un contexto primordial e inconmensurable de energía viva (¿Dios como coincidentia oppositorum en Jung?, ¿el Tao indivisible?). Es de gran interés que estos momentos atemporales de disociación total e infernal confusión pueden ser reconocidos en algunos de los caracteres trágicos de la literatura clásica, tales como en el Fausto de Goethe ("dos almas habitan en mi pecho"), en la Ana Karenina de Tolstoi ("dentro de mí hay otra, y tengo miedo de ella"), en los pensamientos divididos y hechos de los Dimitri Karamazov y Raskólnikov de Dostoyevski, en las dudas de Ulises, en el Demian de Hermann Hesse, en Hamlet, y en otros muchos. En todos los casos, desde el enfoque unitario de la "teoría CCPC" se puede apreciar una extraordinaria similitud entre los conflictos y dobles vínculos esquizofrenogénicos de cada uno de estos ejemplos literarios, así como de otros muchos (Harguindey, 1998, caps. 7 y 14). Esta situación psico(i)lógica puede enseñar también, al menos hasta cierto punto, que "todos los conflictos con uno", lo que tal vez indica una vía final común, tal como parece suceder en la naturaleza íntima de las enfermedades cancerosas (Harguindey, 2001). Así todas y cada una de las enfemedades psicoespirituales tendrían una esencia común con diferentes grados de expresión e incidencia. Esta generalización tal vez consiga eventualmente allanar el camino hacia la existencia de una "teoría general de la destructividad humana", o al menos conformar una base preliminar para ello. Finalmente, la interpretación en profundidad de las tragedias de Shakespeare y las novelas más tardías de Dostoyevski (Crimen y Castigo, El Idiota, Demonios, y Los Hermanos Karamazov), se convierten así en ejemplos de primera línea de este tipo de aprendizaje y enseñanza en profundidad. Los principales caracteres de todas estas obras son ejemplos de primera clase de crisis psíquicas y/o espirituales, puntos cruciales y de inflexión vivos, así como expresiones manifiestas de todos los estados y componentes descendentes y ascendentes.

Por otra parte, dentro del fondo de la crisis queda enterrado para siempre el concepto del absolutismo del tiempo linear como un medio válido de intentar llegar a una comprensión de la globalidad del "mundo real", desde lo objetivo a lo subjetivo (y/o viceversa). De este modo, la causalidad y la racionalidad no pueden ser consideradas como absolutos ni un momento más, ni como los únicos conceptos válidos para intentar comprender todo lo que el amplio espectro de la vida puede abrazar (Harguindey, 1998, págs. 605, 617). De igual forma, tampoco el concepto de casualidad parece hallarse en condiciones de pasar el examen. Finalmente, un profundo y valiente estudio del núcleo de la crisis puede abrir nuevas posibilidades para discriminar, y comprender a la vez, las relaciones entre predestinación, fatalismo, responsabilidad personal, destino, libre albedrío y trascendencia.

El final del estadio de oscuridad

Ya que "la curación brota desde el centro del mal" (Holderlin) y "el único camino para ir al Cielo es a través del Infierno" (Dante), la superación de la más profunda oscuridad de la crisis pronto comienza a mostrar su otro significado y rostro más iluminado (llamado "numinoso"): la oportunidad de una nueva reintegración y vida. Ahora la persona comienza a sentir la fuerza interior necesaria para desasirse poco a poco del caos y alejarse progresivamente del fondo del, por otra parte insondable, abismo. Un cierto grado de distancia debería ser suficiente para permitir que el ser se dé cuanta que, él o ella, es algo más que todo ese "asunto o cosa "personal. Este "caer en cuenta" es el principio es el comienzo de la trans-persona, del ser transpersonal.

A partir de ahora la nueva ola de un tiempo ascendente de regeneración y renovación (metacosmensis) comienza a materializase (Figura 1, rama ascendente F). Más allá de los límites de la racionalidad linear, e incluso de la torcida irracionalidad del pasado, la vida da a luz a un universo trans y supraracional portador de un nuevo ser humano y de un nuevo orden con él. Hermann Hesse resumió esta consideraciones a través de las siguientes palabras: "El caos ha de ser reconocido, vivido y superado antes de que pueda ser reintegrado dentro de un nuevo orden" (Hesse, 1978, capítulo 5). En una publicación previa (Harguindey, 1987) intentamos expresar en significado global y las consecuencias del brutal cambio y progresión de la zona B a la F - el salto inverosímil a través del punto C de lo personal y egocéntrico a lo transpersonal y espiritual ? de la forma que sigue:

"En el instante en que lo racional aparece como absurdo y lo irracional se convierte en lógico, el conflicto esencial, nacido en parajes casi vírgenes de la naturaleza humana, se desata y la emoción fundamental del espíritu estalla. Si en este transcendental momento, que roza lo extratemporal, una violenta llamarada de instinto creador llegada desde fuera del hombre detiene la destrucción y supera la muerte, el milagro sucede, y la conversión, psicológica o religiosa, ocurre. Es en esta peligrosa coyuntura donde lo Maravilloso brota, brusca y espontáneamente, y creemos entonces comprender, aunque sea por tiempo infinitesimal, la radiante Razón que alimenta la vida y la íntima Belleza que late detrás de la naturaleza y estructura del universo. La gran visión ha acaba de nacer.

"A partir de dicha experiencia todo es diferente que antes, todo es nuevo ahora. Los mitos y símbolos fulgurantemente se clarifican, los significados de diferentes filosofías se integran, y el bien y el mal se unen, trascendiendo su fusión. El sentimiento de culpabilidad muere; el pecado original deja de existir. Las eternas comedias de los hombres se transforman en tragedias y la tragedia de la vida comienza a tomar tintes de comedia. Y cuando la realidad así cambia los límites desaparecen. Lo que antes separaba a los seres humanos ahora les une, y mientras sus intereses pierden fuerza y el orden de los valores se altera, el significado del tiempo adquiere una dimensión diferente, la existencia comienza a cobrar sentido, y una nueva y natural forma de hermandad surge. Este es el punto cambiante, el momento a través, el bautismo de fuego durante el cual el hombre cree y siente morir, pero cuando en verdad nace (Harguindey, 1987).

Un sentido de propósito y significado nace concomitantemente, imbuyendo al alma con la luz de una nueva esperanza. Es un propósito de una cualidad superior y exterior a los seres humanos (transpersonal y transtemporal), una finalidad que a la persona mística se aparece como superior, purificadora y/o inteligente (Wilber, 1993, pág 130).

Del camino ascendente al interludio del segundo período de ruptura interparadigmática

El fondo de la crisis también acaba con el todopoderoso y reinante ego, mientras que el absolutismo del estadio personal de la evolución humana es tragado por él (Harguindey, 1998, caps. 7 y 14; y pág. 621). Sólo bastante después de superar el apocalíptico punto C ocurre que las verdaderas diferencias entre los estados y estadios psicótico-regresivo (fragmentador) y el místico-unitivo (creativo) se hacen más y más evidentes. De forma progresiva, el ascenso hacia la sanación sigue una serie de automatismos casi matemáticos que podrían ser descritos como pertenecientes a un método ametódico. Las decisiones parecen "tomarse ellas mismas" haciéndose cargo de la libre elección y la voluntad, al menos hasta que el ser puede hacerse con el mando de la globalidad del proceso personal-transpersonal. Durante esta fase re-racionalizadora y transracionalizadora, las decisiones se toman basadas en la nueva fe clarificada y la intuición más que en la razón y la lógica. La razón misma (racionalista, no espinozista) deja de ser de una naturaleza ciega y se transforma en esclarecida. La fe se ilumina como consecuencia del mismo resplandor y fulgor proporcionado por la pasada experiencia de atravesar el punto C. Ahora éste adquiere una connotación que parece querer transmitirnos que el mal se pone al servicio final del bien o el Diablo al servicio final de Dios, a modo de una situación como la de Job o la de su "hermano" Fausto. Por estos mecanismos, también la peor experiencia abismal acaba por convertirse en un constitutivo perteneciente al mismo proceso íntimo de curación y redención. Nada en el proceso espiral de la vida y del tiempo, linear o cíclico, sobrepasa jamás, ya sea por encima o por debajo, las límites externos del tiempo linear, que a su vez actúan como contenedores de las fronteras y dimensiones de la vida (Figura 1, líneas ascendentes y descendentes L y M). Finalmente, cualquier área por encima o por debajo de las líneas L y M pertenece a la verdadera intemporalidad, el vacío (subcuántico en E. Lazslo) y lo desconocido, tal vez sugiriendo otras dimensiones más sutiles y acogedoras.

La actividad interna del sendero ascendente sigue moviéndose hacia arriba en busca de un tiempo de regeneración y renovación (metacosmesis) (línea F). Este, después de "fijar la realidad" en el punto de cambio E alcanzará eventualmente los puntos más elevados de clímax D y H (donde se considera que se halla "el bien sumo" y aparecen nuevas intuiciones, ciencia infusa, etc.). Es en estos puntos - experiencias cumbre, "pico", o nucleo-trascendentales ? a partir de los que nacen nuevos paradigmas, incluso pueden materializarse cambios metanoicos que lideran el paso de un eón y era a otro nuevo. Llega un tiempo de paz y estabilidad. Un sentimiento de "haber nacido de nuevo" se hace cargo del renacido ser. Los fenómenos de sincronicidad aparecen como sucesos normales. El nuevo (trans)ego ha adquirido ahora la necesaria autoconfianza para ser capaz de sintetizar y reracionalizar lo irracional. El desasimiento (desapego budista) obtenido permite nuevos enfoques interpretativos de los mundos escondidos y las oscuras profundidades experimentadas y dejadas atrás. La capacidad lograda para convertirse en testigo externo de la propia vida confiere un creciente grado de libertad. Este intervalo pacífico y lúcido es pasivamente activo - el wu wei taoísta - en el silencioso trabajo de preparar a la totalidad del ser para explorar los nuevos parajes y desconocidas fronteras que le esperan por delante.

De la crisis a la creatividad y la intuición científica: un efecto secundario positivo

Durante el tiempo de esta fase (zona E a H, Figura 1) los primeros efectos beneficiosos y prácticos pueden ser observados. Grandes intuiciones científicas y descubrimientos pueden ser pasivamente "recibidas" y/o integradas como provenientes de un sueño, incluso disfrazadas como formas arquetípicas y de éxtasis. La aparición de profundas penetraciones intuitivas es estimulada por un extremo grado de hipersensibilidad aprendida de la globalidad del proceso de la experiencia de ruptura a través de la zona C de caos. Algunas nuevas verdades se aparecen como flashes que inundan la mente tanto desde fuera como desde dentro del ser. El siempre extraordinario acontecimiento y fenómeno no muy bien entendido de la aparición espontánea y nacimiento del genio creador también surge en estos estados post-críticos, haciendo verdadera, y actualizando, la conocida frase de Esquilo: "sufrir para comprender: ése es el precio". Algunas experiencias centelleantes de intuición todavía pueden inducir en el buscador intuitivo y adualista, a modo de ramalazos, severos síntomas psicosomáticos. Los investigadores pueden verse a sí mismos incluso como ratones de experimentación o ratas de laboratorio sobre los que están actuando extrañas e incontrolables fuerzas. Al principio el individuo puede sentirse como un testigo pasivo de su propio proceso creativo, no llegando a entender incluso ni él mismo su naturaleza y propósito, un hecho bien conocido para los primeros físicos de los campos cuántico-relativistas (Dossey, 1986; Wilber, 1987).

Llegados a este momento, el brutal asalto inicial de los reinos no-egoicos ha suavizado su furia anterior y el cuerpo-mente-alma ha adquirido progresivamente la necesaria autonomía y disciplina para proporcionar una expresión ordenada a una multiplicidad de imágenes, voces alucinatorias e intuiciones (Washburn, 1999, pág. 320). Fuertes sentimientos de asombro, sorpresa y emoción cósmica por los descubrimientos que son infundidos "dentro de ellos" pueden apabullar a los investigadores así "iniciados", que pueden sentir que están observando la vida en general, y la suya propia, a la vez desde dentro y desde fuera. Experiencias como en el umbral de la muerte y fuera del cuerpo pueden ser encontradas en estas fases y estadios ascendentes como marcas dejadas por los latigazos de la superexperiencia abismal del punto C y a lo largo del resto del cambio personal-transpersonal de la espiral evolutiva.

La hipersensibilidad adquirida abre también la posibilidad de que un mundo entero de mitos y símbolos pueda saltar a la conciencia desde lo inconsciente. Este hecho puede representar un mecanismo de defensa subconsciente que está tratando de desviar parte del peso al que se ve sometido la mente, proveyendo los medios para alcanzar una interpretación hermenéutica integrada, un tipo de comprensión que, por otra parte, se necesita urgentemente. El "serendipismo" y la visión periférica son introducidos como una consecuencia del fondo de la crisis. Más automatismos de procesos verdaderamente creativos y de aprendizaje siguen empujando y escarbando en busca de un grado de entendimiento radical que lo comprenda y comprehenda todo, aspirando a una "explicación completa de conflicto". Este estado y estadio también estimula la percepción de la interconexión global de los muchos fragmentos desperdigados que han sido abandonados detrás en la rama descendente y analítica (áreas J a B). En un período posterior, las piezas del rompecabezas de ambas fases, descenso y ascenso, serán "jerárquicamente" unidas dentro de un proceso sintético e integrado de curación.

Es hora de superar la enfermedad

La pregunta que el ser se cuestiona después de la crisis no debería ser del tipo superficial, personal y autodestructivo que le había superado con anterioridad, como: "¿Por qué yo, por qué todo eso me está sucediendo a mí?". En vez de ello, la persona es puesta a prueba por un grito cósmico simbólico que le mueve desde dentro: "¿Cuál es el significado de todo esto?" (Ortiz Osés, 1982; Ortiz Osés & Mayr, 1988). Este clamor representa un intento desesperado de hallar significado a toda la apariencia de absurdo y falta de sentido experimentado a través de los períodos previos descendentes y abismales. El ahora liberado Prometeo, aún desnudo e indefenso en frente de los dioses, ruega, suplica y hasta exige una respuesta completa de ellos. Diversos estados de alta contemplación y éxtasis reveladores pueden relampaguear sobre el espíritu individual. Una inmersión profunda en la intimidad del estado adualista de la experiencia interna trascendental, considerando incluso sus aspectos "científicos", han sido magistralmente descritos por Juan de la Cruz en su poema "Entróme en donde no supe" (1996, págs. 135-138). Asimismo, las palabras de dicho poema ofrecen una perfecta descripción del ciclo completo de la espiral de la experiencia del tiempo y de lo intemporal, desde sus aspectos más básicos a los más los más elevados, ambos al mismo tiempo.

El ser se siente ahora incomprendido por todo lo que le rodea, tomando a los demás por completos extraños a sus dos mundos unidos: el personal y el transpersonal y espiritual. El resto del mundo externo presenta la misma actitud de incomprensión y rechazo, e incluso de temor hacia él. Estos sentimientos bilaterales de alienación y alejamiento pueden tener que llegar a soportar una total falta de lo que anteriormente eran relaciones saludables con familia y amigos, dando lugar a enormes penalidades. Incluso dentro de la rama ascendente pueden hacerse diagnósticos tales como psicosis maníaco-depresiva, epilepsia temporal y esquizofrenia, aunque probablemente hayan sido diagnosticadas antes, al comienzo del período B-C. La dificultades remanentes para encontrar una clara separación entre los aspectos potencialmente positivos del ascenso inicial postcrítico (rama C a E) y sus aspectos disociativos (cataclismo del período y punto de caos C), son secundarios a la existencia de un elevado grado de mezcla y solapamiento entre las diferentes fases, haciéndose a veces imposible saber en que estadio se halla en un momento determinado el "impaciente paciente".

En ocasiones, la intensidad de la rama ascendente de la espiral que acompaña al renacimiento psicoespiritual presenta una pendiente demasiado empinada para subirla y una dinámica demasiado rápida e inesperada para ser integrada de una manera ordenada (disociación superior). Otras patologías asociadas, tanto físicas como psicosomáticas, pueden revelar diferentes aspectos del proceso subyacente de contacto íntimo con la fuente primordial más profunda e indiferenciada (Grof, 1985, cap. 2). Finalmente, la urgente necesidad que ahora se siente por aprender, saber, comprender e integrar puede asociarse con serios episodios de ansiedad, los cuales, si dejados a sí mismos pueden conformar una "demasiado creativa" e insoportable disasociación inducida por una velocidad de crecimiento "más alto de lo tolerable".

En resumen, la inestabilidad de este segundo período interparadigmático (zona F) no lo en un juego de niños para el sufriente ser. Este todavía tiene serios problemas para hacer frente a una situación que se mueve de un lado a otro entre la última posibilidad de lograr la transformación y el ascenso final y el miedo de recaer hacia atrás en una nueva fase de regresión y fragmentación hacia el punto G. El éxito final sólo llegará después de conseguir reflotar hasta la superficie un todavía medio hundido Titanic espiritual y reconstruirlo en un Titán solar del espíritu. Esta situación de "día después" tiene que pagar todo su deuda (¿kármica?) para superar la previa experiencia de tormenta mental y cerebral, siendo descrita como una crisis trans-crítica de menor intensidad. Una descripción más extensa y detallada de los síntomas y signos de estas patologías se ha hecho en otras publicaciones (Grof, 1985; Grof & Grof, 1992, 1995; Washburn, 1999; Wilber, 1993). Mientras que nuestro ratón de laboratorio experimental, al estilo de un nuevo "Dante", sube por el arduo y empinado sendero que le lleva del Infierno al Purgatorio y hacia el Paraíso - el viaje necesario - pueden aparecer los más elevados sentimientos de altruismo, utopía, delicia y beatitud. La posibilidad de un profundo sentimiento de alcanzar un significado final a la vez que se experimenta una creciente interconexión de todo con todo lo demás sigue insinuándose. Cortos períodos de una profundamente sentida paz y silencio tienen lugar en el cruce de caminos E (Figura 1) y pueden ser interpretados como un alivio enviado por alguna bendición celeste o angelical. Es exactamente en medio de este "silencio" que lo desconocido y lo incognoscible se hacen abiertamente manifiestos (Krishnamurti, 1994).

Después de un nuevo paso por el punto de cruce E, cualquier sentimiento previo de autodesprecio y desesperación, no digamos de narcisismo y egocentrismo, se tornan a partir en sentimientos de creciente autoestima. Un nuevo tipo de amor trascendente que está más allá de lo personal (ágape) comienza a emerger junto con un creciente e integrado ascenso y crecimiento (Zonas F a D o E a H). Se pierde cualquier opinión sobre la importancia de uno mismo; el ser comienza a poder reconocer su unión última con lo divino, una tendencia vocacional inevitable que, paradójicamente, eventualmente llegará a ser el libre albedrío más elevado posible del iniciado. Una nueva forma de razón universal y supraracional, o transracionalidad reracionalizada, abraza todas la previas parcialidades y cegueras del racionalismo y de la irracionalidad a la vez. Esto muestra el camino hacia una nueva forma de pensamiento (metaracional, también llamado visión-lógico) que asciende a una y nueva libertad, un escalón más alto en la escalera de la evolución hacia lo divino presente implícitamente en la humanidad, lo cual se ve únicamente limitado por la necesidad cósmica, tal como es expresado por los "tres caminos del conocimiento" de Spinoza (Spinoza, 1951, 1976, págs. 195-200). En resumen, no es el viejo, confuso y desafiante "ser o no ser" lo que importa sino que ahora el ser ES merced a no ser (la autonegación como autoafirmación) y NO ES al tratar de ser, es decir, de ser (solamente) él mismo (adualismo cósmico). Insinuaciones de un destino transpersonal más elevado aportan un profundo sentimiento de sentido, significado y propósito, afectando progresivamente a la realidad temporal, así como impregnando todo el proceso evolutivo espiral, tanto ascendente como descendente, desde lo personal a lo global.

El final del ciclo espiral y el estallido del punto crucial cumbre

Un mayor ascenso a lo largo de la rama E a H de la espiral acumula un gran componente de "inmunidad psicoespiritual", previniendo futuras regresiones y recaídas. En este momento de la cadena del ser, el proceso curativo ha ganado prácticamente la batalla, ya que ahora el abismo queda tan lejos que cada vez se hace más difícil el reconocer su mera existencia, pareciendo como si hubiera sido un sueño irreal. Uno es "uno" de nuevo. El tiempo es favorable para hacer lo que el I Ching expresa como "cruzar las grandes aguas", ese momento para materializar grandes gestas y superar grandes problemas. Este es el tipo de tiempo favorable para que Ulises vuelva a su hogar y logre por fin descansar sobre la arena de las playas que rodean a Ítaca. Los muchos sufrimientos y heridas infligidas durante el largo y tortuoso camino por unos mares tenebrosos y peligrosos han cicatrizado y las ingentes dificultades superadas se han hundido ya en las profundas aguas de un océano lleno de oscuras noches insomnes. La nueva aurora ya está aquí. Todos los trucos y trampas diabólicas, así como los cuestionarios múltiples presentados al ser por los espíritus indiferenciados, siempre preparados para desafiar nuestros destinos más elevados, han sido asimismo superados. Ahora podemos reconocer que incluso las peores y más irracionales dificultades no eran más que eso: un test, una pregunta, un examen para pasarlo o suspenderlo, donde ninguna cuestión imposible de responder fue jamás preguntada, donde no fue posible engaño alguno y donde no hubo trampas imposibles de ser superadas.

Finalmente, en nuestro laboratorio experimental y universidad no ortodoxa de la conciencia humana, la evolución y la transformación, la gran familia de autorrealizadores o autoactualizadores, cual ratones de laboratorio humanos, desde Prometeo a Fausto a Ulises a Dante, son bienvenidos de vuelta a la vida y a la realidad y se les rinden honores. Al mismo tiempo, les preguntamos a nuestros héroes, aquellos que han tenido el valor de "saltar al próximo estadio de la evolución", por su perdón y compasión. Ahora, una vez más, el tiempo linear y cíclico chocan el uno con el otro y desaparecen en lo intemporal en los puntos de contacto tangencial y límite D y H, uniéndose los dos tipos de tiempo en un sentimiento vivo - ahora divino, previamente infernal - eterno presente. Es un nuevo tipo de tiempo atemporal para permitir las expresiones más elevadas de creatividad, el tiempo de los "sabios y santos" (ver I Ching, 1967, "Lo creativo", pág. 79). Desde siempre, perennemente, gente de todas las eras y tiempos pasados, del este y del oeste, han llegado a la conclusión que todo este crecimiento en espiral indica que al final de todos los finales y ciclos, no importa cuanta haya sido la pérdida y el dolor, existe un punto G final donde todo, transtemporalmente, de alguna forma, vive y vuelve a vivir. Es en este punto cuando Dante alcanza los círculos más elevados del Empíreo, donde la eternidad se transforma en, y manifiesta como, "ese instante en el cual todos los tiempos son el momento presente", "tiempo" en el que Fausto encuentra a su "Mujer Eterna", esa que "nos dirige hacia lo más alto" (Goethe, 1976, pág.308). Ahora, todos y todo no son más que Uno, y así también el Bien, la Verdad y lo Bello se funden en Una Única Esencia. Es el final de todos los hechos y al mismo tiempo el principio de todas las cosas. Así, ahora todo es luz, armonía, paz, sincronicidad, afinidad electiva, un definitivo "Aquí y Ahora". Sin embargo, ya que los humanos no podemos expresarnos sin hablar acerca, o a través, del tiempo, sólo podemos soñar del lugar que no ocupa sitio y del tiempo sin tiempo donde las mentes y espíritus de Platón, Cristo, Buda y Lao-Tse moran.

-Una nota ?

La apabullante cantidad de literatura acerca de las experiencias cumbre, "pico" o trascendentales, tanto como acerca de la experiencia de "alta meseta" o mesetarias (madurez transpersonal), y sobre la llamada vida post-mortem por Maslow (Clearly & Shapiro, 1995), es demasiado amplia para ser incluida en el rango que abarca esta publicación. Después de que los puntos cumbre de intersección D, tal vez un nuevo ciclo y una nueva rama descendente (línea D a E) están funcionando ya alrededor nuestra; sin embargo, cualquier nueva espiral se moverá siempre a un nivel cada vez más elevado y desarrollado que el previo. En cualquier caso, la metanoia ha tenido lugar, una Nueva Vida también. Y el punto Omega está siempre esperando-siempre presente, siempre allí-siempre aquí, siempre transpersonal-siempre e imperecederamente intemporal y eterno; y quien sabe si, de alguna forma, siempre personal también.

- La teoría CCPC -

El enfoque descrito aquí aspira a ser integral en el sentido de intentar investigar y definir los sutiles "qués, porqués y cómos" de cualquier proceso subyacente en orden a sugerir una teoría general e integral de las crisis, los conflictos y su evolución. En publicaciones previas la hemos llamado tentativamente: "La teoría de las crisis, conflictos, encrucijadas, de las cruces y de los cruces de caminos; del fuego cruzado y los punto de inflexión en un crucigrama vivo" (CCPC) o "Teoría de irrupción de las crisis" (Harguindey, 1998, capítulo 14). La meta es tratar de comprender en la máxima profundidad posible el proceso vital completo - desde el aspecto personal al universal - prestando atención a los ciclos cósmicos y a los paralelismos existentes entre el microcosmos y el macrocosmos, siguiendo el aforismo hermético de "como es arriba es abajo". El peso de nuestra atención se dirige ahora a los dos principales y opuestos puntos de inflexión, el más inferior y el más alto (puntos C y D). De todos modos todavía 0 es demasiado temprano para predecir si estas consideraciones e intentos todo-acogedores, o esfuerzos por abarcar la totalidad, nos ayudarán a comprender y preparar mejor estrategias futuras para sanar el mal en los seres humanos (Harguindey, 1988, cap. 7; Peck, 1983). En este momento tampoco es posible decir que se pueden activar nuevas medidas preventivas en orden a evitar la aparición de los efectos negativos de las crisis psicoespirituales más profundas, sean personales o sociopolíticas. Finalmente, un "intervalo A" (zona E a N) separará estadios transicionales consecutivos, que indican diferentes eras, paradigmas e incluso "vidas" personales.

Una aproximación al enfoque integral de esta naturaleza tendría que ser capaz de alcanzar una identificación temprana de las dinámicas que conducen tanto a las crisis más profundas como a los éxtasis más elevados. Esto es de una importancia suprema para poder ser de ayuda a lo largo del sendero descendente, sortear los puntos más bajos de todo conflicto y acelerar una resolución sanadora y normalizadora. Esperanzadoramente, este enfoque en profundidad de naturaleza cíclica puede también proveeer una oportunidad para lanzarnos hacia una mejor comprensión de "la presencia" del pasado, dando sentido al caos, la tragedia y el sinsentido, proporcionando significado a lo que con anterioridad se consideraba como simple "casualidad", felicidad inmerecida, absurdo, o fatalidad y tragedia. Otro aprendizaje añadido de este enfoque sería el abrir nuevos caminos al entendimiento del potencial formativo implicado en los contextos multifactoriales inductores de diferentes tipos de destino e involucrados en todo el proceso CCPC (la presencia del futuro). Esto implica una integración final para el camino completo de desintegración-muerte-reintegración y para sus efectos en predeterminar los diferentes futuros abiertos por los puntos de inflexión más elevados y más bajos. Este intento global puede ayudar a dirigir la conciencia progresivamente para arriba hacia nuevos e impredecibles contextos y aperturas a muchos y diferentes niveles: personal, transpersonal, evolutivo, mundocéntrico, etc.

Los puntos de inflexión valle o pozo (pit) y cumbre o pico (peak) separan diferentes estados de transición en la vida del individuo. El nuevo aprendizaje debería ser capaz de ayudar durante todos estos estadios, desde la superación del complejo de Edipo a la primera crisis de la edad adulta y desde las patologías del ego del adulto, como la crisis narcisista, a los sentimientos de inutilidad y falta de significado de la vejez, acogiendo incluso las situaciones físicas preterminales durante el último estadio de transición dentro del tiempo linear (Washburn, 1999).Dentro del mismo contexto y actitud, es necesario también estar por delante del tiempo para ser capaces de prevenir a otros acerca de los peligros que acechan por delante, desde personales a espirituales y sociopolíticos. Este tipo de sabiduría sólo puede ser aprendida e incorporada dentro de uno mismo pasando a través de procesos de fuertes experiencias previas, lo que siempre ha permitido a unos pocos casos de conciencia avanzada, conocidas como "de proa o de borde cortante" en el evolución, alcanzar un aprendizaje íntimo y no dual (adual) de las dinámicas generales de las grandes crisis y conflictos (medicina preventiva psicoespiritual) (Weil, 1997).

Una buena perspectiva necesita distancia

Los aspectos más fundamentales e importantes del significado de una gran crisis o conflicto tan sólo aparecen en la superficie después de que la conciencia personal es capaz de posicionarse a sí misma a una cierta distancia de la, en ocasiones dantesca, expedición a las predinámicas conducentes al "terremoto psicoespiritual en ciernes". Sin embargo, no hay posibilidad de tener éxito en ese intento de lograr una buena perspectiva antes de que 1) se consiga pasar a través del núcleo de la crisis, y 2) se superen los efectos retardados de subir por el camino ascendente. Como consecuencia de esta experiencia de aprendizaje la nueva sensiblidad adquirida puede hacer posible predecir algunos aspectos de la presencia y dirección que tome el futuro. Si se pudiera demostrar esto científicamente, los seres humanos se encontrarían en una situación de enorme ventaja, lo que les capacitaría para prevenir algunas de las consecuencias destructivas del temblor originado por el epicentro del terremoto psíquico: un proceso subterráneo que hasta el último momento esconde sus secretos dentro de las entrañas de la tierra mientras se prepara para destruir todo el edificio de la vida, tanto en el individuo como en la sociedad. Esto es exactamente lo que sucedió en la etiopatogénesis de esa casi incurable enfermedaad que fue el movimiento nazi, presidido (desde sólo el Diablo sabe cuando) por la falacia pre-trans y una evidente y muy dañina pseudologia phantastica implantadas éstas sobre el narcisismo maligno de un Hitler, sus imitadores y sus psicóticamente contagiadas huestes (Harguindey, 198, pág. 199; Jung, 1989; Wilber, 1999, pág. 10).

En este punto es difícil conocer si dicha actitud profética de crisis y conflictos venideros se probará que es lo suficientemente reproducible para obtener credibilidad científica. La principal dificultad surge de los múltiples factores y condiciones entremezcladas involucrados en la (pre)dinámica (neo)formativa de serios conflictos, crisis y enfermedades así como de la sutileza, subconsciencia y complejidad de los precontextos vivos que preceden y se dirigen a la aparición de una profunda crisis y/o noche oscura del alma. En el momento actual, cualquier intento de profetizar todo el condicionamiento multifactorial que está a punto de alcanzar un "efecto masa crítico" se nos aparece como una tarea imposible. Así el principal problema consiste en cómo interceptar terapéuticamente a través de una "implosión", sanadora y apagadora del centelleante fuego, la súbita explosión de un incontrolable terremoto psíquico, tal como sucede en las llamadas emergencias espirituales (Grof & Grof, 1992, 1995). Ejemplos de trasfondos inesperados que llevan a la irrupción de una gran crisis en cualquier ser no preparado para ella, tal como pueden ser hallados en los efectos inducidos por la muerte repentina de una persona amada, un fuerte cataclismo emocional, el estallido de un episodio psicótico, el diagnóstico de una enfermedad incurable, etc.

Un enfoque integral también requiere la ampliación del concepto de cuánto puede abrazar el empirismo. La misión es tratar de ensancharlo desde su condición de estar encerrado en una camisa de fuerza conceptual atada por el racionalismo moderno y la razón de la ilustración, cada vez más limitadas, para que la conciencia global pueda dar ese, tan necesitado, "gran salto" que consiga transformar la situación bloqueada y estado interparadigmático actual de los asuntos humanos y acelerar su posterior evolución. Lo que ya queda más allá de toda duda es que cualquier atributo de absolutismo y validez incuestionable del enfoque racionalista-moderno-cientifista-reduccionista, ilustrado y popperiano (líneas L y M), se ha agotado definitivamente. Su concepto acompañante de los aspectos unilaterales de la flecha del tiempo (chronos) ha sido asimismo enterrado por el final del camino y rama descendente de la espiral, así como por la superación del fondo de la crisis y por las consecuencias de las experiencias trascendentales o "pico" de Maslow. En ambos puntos, C y H, el absolutismo del tiempo linear y el pensamiento racionalista - y el modernismo a su vez, junto a toda su locura racional - ha perdido todo valor como el único medio válido de comprensión, entendimiento, e incluso como enfoque y método científico. Más aún, la espiral ascendente (¿teleológica?, ¿un metafórico ADN del espíritu?) supera el cierre final de un tiempo cíclico-mítico cuyo otro absolutismo del "poder de la voluntad" nietzscheano (contra el siempre abierto wu wei taoísta) es la característica principal de cualquier concepción preconvencional y prepersonal (neolítica y edípica) y a la postre inevitablemente totalitaria, desde roussoniana y freudo-marxista a fascista. En cualquier caso, ya sea una concepción del tiempo y de la vida humana completamente linear o completamente cíclica, estas viejas y obsoletas concepciones de la vida sólo dejan detrás miedo, narcisismos personales o de grupo, egocentrismo y una voluntad de poder sobre la realidad externa - aunque raramente sobre uno mismo o las propias pasiones, limitaciones e incapacidades - como el último posible "sentido y significado para la vida humana y la evolución", una apuesta realmente pobre en verdad. Llegando hasta la raíz, se deduce finalmente que son las diferentes concepciones del paso del tiempo, linear y rectilíneo o cíclico y cerrado, lo que predetermina rígidamente las diferentes agendas políticas y su sempiterna confrontación e hiperdualismo.

Finalmente, hay que aceptar que los mitos y símbolos no son buenos o malos de por sí, ya que han sido componentes esenciales en apoyar y expresar desde los mayores logros del espíritu humano, espirituales o científicos, a los más bajos, como las cámaras de gas de Auschwitz. Somos nosotros, los seres humanos, los que los hacemos "buenos" si los utilizamos para el crecimiento, la búsqueda de sentido y la experiencia de un verdadero aprendizaje (el enfoque hermenéutico-integral). Sin embargo, los convertimos en "malos" si les concedemos un absoluto valor determinista para conformar lo que el mundo externo debería ser y cómo tendría que estar conformada su realidad, la realidad objetiva y externa. Así que, el "aterrizar y despegar" de los puntos de inflexión D y H, tanto como los más objetivos puntos E, pueden reflejar - al menos de forma simbólica - intersecciones (¿la cruz cristiana?, ¿la iluminación búdica?) de ambos tipos de tiempo, cíclico y linear, en ciertos momentos clave. Esto sugiere, y tal vez demuestra, una creciente apertura del Mito del Eterno Retorno (Eliade, 1994) (puntos I y G, o línea N, el llamado crecimiento holonómico, o holístico). Otro efecto secundario beneficioso de este nuevo "camino de doble dirección", un modelo integrado y acogedor del todo, podría residir en la posibilidad de aspirar a una integración del modelo estructural de Wilber (1990, 1999) y el espiral de la evolución propuesto por Washburn (1990, 1999), y tal vez también, entre los enfoques filosóficos occidentales y orientales a los asuntos tanto temporales como trascendentales. Al mismo tiempo, el lugar y los papeles respectivos del método psicoanalítico y la psicología transpersonal podrían ser dilucidados en más profundidad. La meta final es llegar a una psicología totalmente integrada, integradora y místico-unitiva, y a una psicoespiritualidad que puede servir como base para una muy necesaria transformación integral, desde personal a global y planetaria (Wilber, 1986, 1999).

Predestinos, fatalismo, destino, libre albedrío, vocación y destino superior.

¿Ha llegado el tiempo y la hora de entender lo que es el tiempo? -

Ahora surgen unas pocas preguntas clave. ¿Serán los seres humanos capaces alguna vez de crear sus propias situaciones de sincronicidad? ¿Podrán los humanos llegar a forjar de sus destinos más elevados posibles más allá de los límites de los límites impuestos por un posible karma personal? ¿Conseguirá un tipo superior de entendimiento ayudar tanto a los individuos, como a la humanidad como un todo, subir a través de caminos más saludables la siempre empinada escalera de la vida y de la evolución? ¿Tendrá el trabajo transpersonal involucrado algún impacto en mejorar la solidaridad y la compasión a un nivel global y logrará así "cambiar el mundo", o terminará el movimiento transpersonal e integral por representar tan sólo a una pandilla de "locos" idealistas gritando inútilmente en el desierto a unas enloquecidas y desorientadas multitudes, como imitadores de un Juan Bautista del siglo XXI? De una manera u otra, un nuevo salto cuántico y ascendente se hace imprescindible, desde la realidad del individuo en particular al reino de los sociopolítico. Acometer tal salto puede ser una tarea muy difícil, pero no es sólo posible sino algo tremendamente necesario, demandando de nosotros que seamos capaces de observar y vivir la vida, el mundo y el paso del tiempo a través del concepto de Spinoza de sub speciae aeternitatis, es decir, bajo "el aspecto y la perspectiva de lo eterno". Esta posición representa una humilde e intemporal torre de marfil que vive cada instante en el futuro no menos que en el presente y en el pasado, mezclando y uniendo los tres tiempos en uno y convirtiendo así al tiempo mismo en esa ilusión relativista que Einstein aplicó a lo pasajero y linear (1954) al decir: "para nosotros, físico teóricos, el pasado, el presente y el futuro son una ilusión, por muy tozuda que parezca". De esto último se puede deducir que no hay por qué preguntarse más por las razones para el gran fervor, incluso religioso, que el conocido físico sentía hacia los conceptos aduales y pan-en-teístas (que no panteístas) del "advaita- vedanta" Spinoza (1976, introducción). En esta misma línea, vienen a decir lo mismo las palabras de Lao Tse "el pasado y el futuro se siguen el uno al otro", a la vez que indican la presencia activa del pasado en el presente así como en el futuro, y viceversa. Este tipo de pensamiento adualista también es transmitido por las dos sentencias de Goethe: "lo que poseo lo veo desde la distancia, y lo que ha pasado para mí se convierte en existencia" (Goethe, 1976, dedicación del "Fausto"), y lo que tiene un significado similar, "mi amor está con los que trabajan para la eternidad". Este involucrado adualismo que siempre está en continua evolución (el llamado "Dios desplegándose"), una forma de religiosidad y espiritualidad a la vez trascendente e imanente, ha sido también explorado en gran profundidad por Panikkar (1993, 1998), mensaje que a nuestro entender constituye y encierra también el significado esencial y radical, así como la intencionalidad primera, del fundador del cristianismo, más allá de fraudes y alteraciones posteriores del mismo.

Una perspectiva genuinamente acogedora de la totalidad debería mejorar nuestro aprendizaje acerca de las relaciones entre el bien y el mal y de todas sus dinámicas en desarrollo, tanto como nuestra comprensión sobre las relaciones entre la fatalidad, el destino y el libre albedrío (Harguindey, 1988, cap. 7; Peck, 1983). En esta misma línea, la dinámica del sendero descendente (rama de la espiral J a B) reduce el número de las posibles predestinaciones, las cuales son constreñidas hasta el máximo en el fondo de la crisis (fatalidad). Por otra parte, las dinámicas del camino ascendente permiten una vez más que emerja el concepto de un progresivo y más elevado grado de libertad (libre albedrío). Finalmente, la experiencia cumbre más elevada, que completará un ciclo (cósmico) entero, introducirá dentro del alma el sentido de una misión elevada y sublime ("sentimiento mesiánico" según Maslow, vocación o destino transpersonal).

En la misma línea, y según Jung, la vocación es una llamada de la cual ninguno puede escapar, lo que al mismo tiempo indica el camino para alcanzar nuestro más alto grado de libertad, significado y benevolencia. Esto confirma que la más íntima esencia de los seres humanos es de naturaleza espiritual (Panikkar, 1993). El destino superior se convierte así en lo que Gandhi denominó como "la única libertad por la que vale la pena luchar". Abraham Maslow, por otra parte, postulaba que únicamente a nivel de las metamotivaciones más elevadas y altruistas, o motivaciones transpersonales, se puede instaurar y conseguir una especie de trascendencia espinozista de la dicotomía entre el libre albedrío y el destino. En este cruce de caminos espiritual uno abraza, feliz y libremente, todas las circunstancias y limitaciones propias, el propio destino - pero no con un sentimiento de renuncia sino con amor y entusiasmo (eupsiquia, o salud mental completa). Maslow mismo (1982, pág. 400) ) también puso un gran énfasis en que mientras más profundo sea el grado de discernimiento más elevada será la sintonía entre el libre albedrío y el determinismo. Aplicaciones añadidas de la teoría CCPC pueden ser halladas si se utilizan las zonas de transición C y H (o D) como los puntos de salida a la superficie de una conciencia profunda, para desde allí estudiar las relaciones entre la evolución y la involución. Es aquí donde, y cuando, en realidad todas las cosas dan la vuelta a todos los niveles de entendimiento, desde el campo de lo personal al de lo histórico y lo sociopolítico (Harguindey, 1998, pág. 648; Wilber, 1995). Todavía se han de llevar grandes esfuerzos para escarbar en los complejos contextos que bien pueden llegar a hundir finalmente al espíritu en una fatalidad de la que no se le puede rescatar y redimir o, por el contrario, determinar la apertura de un nuevo sendero hacia la verdadera autorrealización, hacia un destino más creativo y, es de esperar, la liberación y salvación finales. En dicha línea, existe un gran acúmulo de evidencia experimental acumulada que parece indicar que todas las experiencias místicas (puntos D y H) tienen lo suficiente en común para poder afirmarse que, hasta cierto punto, todas son una. El otro extremo (punto C) puede permitirnos también considerar que, en el fondo, todos los conflictos son uno, o como uno. Si esto fuera así, surgiría la posibilidad de concebir de forma preliminar el desarrollo de una "teoría general de la destructividad humana" así como de "una teoría general de la creatividad". Finalmente, la penetración intuitiva estimulada por un estado de alta contemplación puede llegar a tener acceso al nivel de energía mínima necesario para inducir un cambio cualitativo, que de esta manera queda completamente activado, haciéndose posible la transformación metanoica (Juan de la Cruz, 1996; Panikkar, 1999, pág. 140; Wilber, 1986).

La evolución personal y global y, en muchos casos, el destino final, parecen estar fuertemente condicionados, pero no total y/o rígidamente predeterminados (predestinos o destinos potenciales) por un número muy reducido de "acontecimientos específicos". A diario, muchos pequeños e indetectables puntos de inflexión penetran continuamente dentro del espacio temporal y en la existencia de cada individuo, aunque sutilmente y de forma aparentemente casual. Pero las casualidades no existen. Sólo existe la necesidad, los destinos, sus karmas. En cualquier caso, raramente, si alguna vez, estos acontecimientos manifiestan desde el principio su poder como forjadores natos de la evolución y destino de las personas. Pero las decisiones o comportamientos más sencillos e inocentes frecuentemente esconden dentro de ellos mismos un fuerte potencial predeterminístico del futuro (Lao Tse, 1994, pág. 156-157, 159). De esta manera, actos sutiles y que pasan completamente desapercibidos pueden, incluso de pronto, convertirse en puntos de no-retorno, y al comportarse de esta manera forjan la materialización de posteriores intersecciones, bifurcaciones del destino y nuevas conformaciones inesperadas del árbol de la vida. Cuando se interpreta todo esto desde dentro del contexto CCPC del tiempo y lo atemporal, dichos acontecimientos "determinantes de destino" arrastran un potencial enorme - suficiente para concretar estrictamente toda suerte futura, personal o sociohistórica, una vez que su dinámica y fuego han sido encendidos.

Esto hace que cualquier proceso previo y subyacente que termina en la activación de una dinámica CCPC puede variar desde ser completamente inconsciente a subconsciente a totalmente consciente (pero negado). Una miríada de pequeños factores condicionantes pueden crear campos propiciatorios integrales que conforman el rango, las posibilidades, la mobilidad, el nivel de conciencia, la libertad de elección y el destino final en ciernes de una situación en particular. Es apropiado hacerse eco aquí de las palabras de Lao Tse al respecto cuando específicamente se refiere al intricado problema de las relaciones entre la fatalidad o suerte, el libre albedrío y el destino final: "Los principios de la fortuna son sutiles, los orígenes de la desgracia confusos. Los factores que determinan la fortuna y la desgracia son sutiles hasta el punto de que no pueden ser presagiados. Los hombres sabios ven sus principios y sus finales" (Lao Tse, 1994).

Finalmente, vistos desde una elevadamente desarrollada perspectiva psicológica y espiritual, los destinos trágicos de muchos de los personajes universales de la literatura clásica mundial, (e.j.: Werther, los hermanos Karamazov, el Príncipe Miskin, Ana Karenina, la mayoría de los principales caracteres de las tragedias de Shakespeare) nos enseñan algo que por otra parte no es lo suficientemente evidente: que la suerte que corren los seres humanos es una consecuencia directa o indirecta de los hechos y "estructuras mentales", conscientes o inconscientes, de los propios seres humanos. Así, las leyes universales y psicoespirituales, ambas, como aspectos distintos de, probablemente, una misma esencia, son, o han de ser, las mismas para todos los seres humanos, ya sea a lo largo de muchas existencias en caso de que no se haga concebible que sea a lo largo de una sola vida. Lo contrario hablaría de que todo en la vida es absurdo. Si esto no fuera así la responsabilidad personal se transforma entonces en el factor principal y último en el destino personal/transpersonal. Vemos esta posición como tal vez la única posible y "racional" que pueda trascender el caos informe y terror de la historia. Paradójicamente, esta filosofía "positiva" no puede ser pensada únicamente en términos racionales, desde luego. Sin embargo, incluso el ser más clarificado e iluminado todavía se quedaría corto para encontrar una explicación completa a hechos tales como el sufrimiento infantil y la muerte dentro del paso del tiempo linear e histórico (pasado a presente a futuro) (Frankl, 1979). Valgan como ejemplos los de Auschwitz al de aquellos niños que fueron dramáticamente rescatados, o no, después de permanecer varios días enterrado vivos durante el gran terremoto de Turquía de 1999. Así que el concepto de "el terror de la historia" de Mircea Eliade (1994) todavía está a la espera de encontrar una respuesta final que lo pueda justificar todo, sobre todo el dolor y el sufrimiento humano, a la vista y para la sensibilidad del "ojo racional". En cualquier caso, las susodichas decisiones "fijadoras del destino" pueden estar sugiriendo algún tipo de "matemáticas del espíritu", inevitables e incomprensibles, que funcionen en último término por su propia necesidad dentro de un cosmos autoconsciente y creativo, trabajando activamente detrás de la vida de los sentidos y del mundo empírico. Las preguntas están siempre aquí, dando vueltas, merodeando en el cerebro humano, sin darle descanso, exigiéndole respuestas, permanentemente jugando a buscarlas y a encontrarlas, a "guardias y ladrones", incesantemente exigiendo que interpretemos el mundo exterior desde nuestro mundo interior, y viceversa. Estimulándonos en definitiva a que nos atrevamos a dar un brusco salto conceptual de comprensión como la que es necesaria para resolver un problema o koan de zen budismo, saltando al abismo con la fe de que un nuevo camino se materializará por delante, haciéndose camino al andar en el último momento. Tal vez se esté tratando de ayudarnos a trascender todas las apariencias exteriores, empujándonos hacia un enfoque integral y hermenéutico a todo, uno que momento a momento no nos pregunta: "¿Qué es esto?", ni incluso: ¿Cómo sucedió?, sino: "¿Cuál es el significado de todo?".

El milagro de la vida y la muerte y el concepto de "Necesidad Cósmica" en la evolución

Se considera que vale la pena prestar una creciente atención a esos puntos críticos en el destino de alguno de los más conocidos universalmente, tanto como enfermos, caracteres trágicos y conflictivos de la literatura mundial clásica. Una comprensión intuitiva y empática de las dinámicas descendentes de sus fatales destinos nos permiten abarcar de un global vistazo de síntesis, muchas de las características de los procesos predeterminantes sutiles, sub o preconscientes, que les afectan desde un principio (el significado del pasado). La intuición proporcionada por un enfoque integral tipo-CCPC capacita incluso para re-racionalizar, y así conseguir entender, lo que inicialmente se aparece como completamente enfermo e irracional a la observación y realidad externa.

En muchas ocasiones, una situación predeterminante que conlleva un alto componente de energía destructiva subliminal incluida en ella puede transformarse, casi instantáneamente, en una situación extraordinariamente creativa y constructiva, tal vez imitando y recordando a episodios de psicosis maníaco-depresiva, tales como en Los Hermanos Karamazov y en Ana Karenina. Esta aparente mezcla de puntos C y D, pozo y cumbre ("pit and peak") pueden llevar implicado en concepto de "milagro natural" del Taoísmo, minando el concepto de causalidad linear como el único principio morfogenético o neomorfogenético válido (Jung, 1967, 1976, cap. 14, 1987; Peak 1988). La energía proyectada por el nuevo momento transformador y transformado (metanoia) puede sugerir incluso una ruptura de la continuidad del tiempo linear - y así del continumm tiempo-espacio - entre un "antes" y un "después" de la crisis finalmente manifestada por la aparición del punto C. Su "tiempo intemporal de Abraxas" crea una nueva situación de vida y/o muerte, supralógica y transpersonal al menos; una transición no linear entre diferentes y separados niveles de conciencia. Dicha situación sugiere, e implica, la existencia tanto de una activa "presencia del pasado" como una "presencia (además de pre-presencia y presciencia) del futuro" dentro de las posibilidades predeterministas abiertas por las diferentes situaciones emergentes (Harguindey, 1998, pág. 613, Sheldrake, 1990b). En consecuencia, la ruptura y aparición final de una nueva conformación de la realidad activa un patrón propiciatorio subliminal que hasta cierto punto en el tiempo ha permanecido escondido en su propia matriz arquetípica. Esto es lo que la medicina académica conoce como "idiopático", es decir, desconocido.

En resumen, cuando cualquier conflicto se observa desde una perspectiva más elevada, integral y transformada que con anterioridad incluso su naturaleza íntima puede verse como totalmente nueva y virginal. Así nace el estadio de la comprensión reracionalizada, o transracional (sintético, quintaesencial, visión-lógico y centáurico en Wilber). Él nos permite pensar en el pasado como que "tuvo que ser de esa manera" por algún tipo de necesidad insoslayable del proceso evolutivo completo (predestino, fatalidad, destino personal, libre albedrío, destino superior y transpersonal, incluso ignorancia). Sin embargo, si se enfoca la conformación de toda la vasta extensión de la realidad desde la teoría CCPC y el tiempo-intemporal de los momentos de Abraxas, esa perspectiva y actitud nos permite "detener" el tiempo para poder observar así el pasado, el presente y el futuro fundidos en una única e instantánea posición atemporal, como desde una de las llamadas "experiencias panorámicas" pre-mortem. Esta situación trae a colación una vez más la nueva perspectiva relativista y transpersonal sub specie aeternitatis y sitúa a la mente espiritual en una posición de ventaja para predecir las probabilidades propiciatorias de los tres estados temporales. Esto es similar al enfoque taoísta sobre los aspectos relativos y cíclicos del tiempo resumidos en las palabras de Lao Tse (1994) "el pasado y el futuro se siguen el uno al otro", lo que, debido a los aspectos cíclicos del tiempo - cerrado o abierto - se puede decir que, al menos hasta cierto punto, el pasado puede ocurrir después del presente, y el futuro antes. Este pensamiento parece enseñar una lección similar a lo dicho por el mismo Albert Einstein: "Para nosotros, físicos teóricos, el pasado, el presente y el futuro no son mas que una ilusión, sin embargo es una muy tozuda" (Einstein, 1954). En consecuencia, todo el enfoque CCPC parece estar en condiciones de dirigir a una cada vez más profunda penetración intuitiva en lo que hemos concebido preliminarmente como un concepto parataoista o parakármico y que hemos denominado "las matemáticas del espíritu". Este concepto implica la necesidad de la existencia de cambios súbitos inducidos por un efecto-masa subliminal, sea para mejor o para peor - "¿pero qué es mejor o peor, ganar o perder" (Lao Tse) -, tal como es amplia y profundamente considerado en el I Ching o Libro de las Mutaciones. Este concepto es similar, o incluso tal vez idéntico, a la propuesta espinozista de que todas las cosas suceden debido a su propia, interna e implicada "necesidad cósmica" (Spinoza, 1976, págs. 163, 168, 198). En este sentido me uno a Wilber en intentar una rehabilitación histórica del panenteísta (toda la naturaleza en Dios) y no panteísta (toda la naturaleza es Dios) o ateo (la naturaleza sin Dios), así como malentendido, traspersonal y santo Spinoza, tan perseguido antes y ahora por tanto fundamentalismo prepersonal con sus cegueras y estupideces dogmáticas (Wilber, 1995, págs. 611-612).

Algunas conclusiones acerca de la vida humana y los límites de la conciencia.

La vida en un tubo de ensayo experimental y bajo el microscopio de un laboratorio del espíritu. Cierre y apertura del mito del eterno retorno ?

Una vez que la rueda del Mito del Eterno Retorno ha girado, se estimula aún más la intuición, la capacidad de premonición y también la percepción tardía de un mayor significado y sentido de acontecimientos pasados. Esto puede permitirnos conocer con mucha antelación dónde, cuando y cómo un nuevo terremoto, físico, psicológico, psicosomático o espiritual en ciernes sucederá segura y fatalmente, creando desesperación y conduciendo a un nuevo caos (Grof & Grof). Algunos autores y escuelas filosóficas piensan que los acontecimientos históricos dependen de los ciclos cósmicos en la naturaleza y que por lo tanto todos los hechos son potencialmente comprensibles y predecibles (Eliade, 1994; pág. 134; I Ching, 1967). Ya se ha hecho alusión a que los puntos de inflexión críticos a menudo son predichos por "profundos mensajes y presagios anunciadores" (Tolstoi, 1990). Finalmente estos acaban por manifestarse al exterior cuando la acumulación de cambios cuantitativos en el contexto protoenergético inducen un brusco cambio cualitativo en la realidad externa (objetiva) y/o interna (subjetiva), dando lugar a la disasociación y al caos. Esto puede ser comparado a una modificación en una estructura nuclear en la que se inducen cambios de ascenso y descenso de electrones, u otro tipo de mediadores energéticos, en unos orbitales de naturaleza psíquica y espiritual. Dichos cambios, incluso preestructurales y pre-fractales producen finalmente un "efecto masa" en la conciencia. Estos puntos de inflexión pueden ser también observados, experimentados y enfocados como fenómenos de sincronicidad, modificando instantánea (¿e incluso transtemporalmente?) todo hasta el punto que, generalmente sólo a posteriori, somos capaces de señalar con precisión e identificar como un "antes" y un "después" estas singularidades (metanoia). Los puntos D y C se aparecen a un observador externo y no excesivamente sensible como dos tipos de realidad totalmente separados y opuestos, cada uno de ellos de una naturaleza diferente, que, de alguna manera, pueden, incluso de forma milagrosa, fundirse en uno. Por el contrario, el observador interno, o adualista, se da cuenta de que ambos lados son caras de la misma moneda de una única e inconmensurable realidad primordial y adualista, desde la que origina el milagro de "El Aquí y el Ahora". Finalmente, una perspectiva integral que lo comprenda y acoja todo podría incluso profetizar las nuevas posibilidades de un determinado futuro en ciernes y/ de otros futuros alternativos, e incluso pasados alternativos, ya que ninguno de ellos está completamente escrito. Ello puede cooperar con los potenciales de un contexto predeterminado por el "momento energético" del estadio en el cual la dinámica de una situación específica se mueve en un preciso instante o está siendo activada (la "presencia" del futuro). De esta forma, el enfoque CCPC podría conducir a una intuición crecientemente profunda y a una mejor comprensión del significado del tiempo cíclico y linear, a sus relaciones dinámicas e interconectadas, y a sus efectos beneficiosos o deletéreos tanto como a un conocimiento "precientífico" y "parareligioso" de las capacidades determinísticas de sus puntos de intersección. En cualquier caso, cuando la crisis toca fondo (la experiencia de caos, pozo sin fondo o agujero negro), la única esperanza es que un empeoramiento terminal del dolor y del mal induzca a su vez, sin solución de continuidad, el rescate final y la liberación (Eliade, 1994, pág. 137).

La entremezcla y choque de ambos tipos de tiempo, cíclico y linear, construye así una cruz psicoespiritual que produce el brillo de una nueva luz en el cruce de cualquiera de los puntos D, E, o C. La intersección de ambos clases de tiempo en cualquiera de estos lugares de intersección y situaciones límite enciende la mecha de una condición intemporal (¿y/o sempiterna?). Ésta ha sido denominada de diversas formas: conciencia crística, verdadera iluminación o naturaleza búdica, manifestando en todo caso la viveza del Tao y haciendo que emerja una nueva realidad y ascensión - línea F, metacosmesis, también llamada regeneración paradójica por Eliade (1994). Hay que llamar la atención a que las áreas rodeando la ceguera de los puntos C (kali yuga) están siempre marcadas por violencia, destrucción, sufrimiento histórico, cataclismos, etc. Sin embargo, ellos no representan un punto final absurdo y sin significado alguno, sino que constituyen los signos y presagios anunciadores de transiciones futuras y aún más profundas, intrapersonales o globales, incluso de una edad o eón cósmico a otro (Eliade, 1994; Panikkar, 1996, 1998). Por otra parte, el acceso directo a los puntos D y H revela y actualiza (ver Figura 1) las experiencias cumbre, trayendo el potencial de dar luz a nuevos mundos y a la emergencia de nuevos paradigmas, desde científicos a sociales a psicoespirituales. El tiempo cíclico no es de una naturaleza auto-contenida y cerrada, sino que finalmente se abre, permitiendo así un ascenso interparadigmático (línea doble A) y un crecimiento integral, holonómico o holista (línea N). El salto energético final entre dos puntos E consecutivos de la espiral confirma la apertura del final de un ciclo y permite la evolución ascendente-holonómica, tanto como la adquisición de significado (ascenso interparadigmático). Todo el proceso se reestructura a sí mismo a modo de un metafórico heliciode de ADN del espíritu, como si fuera un mandala de un despliegue del Gran Espíritu y del desarrollo y evolución históricas.

Es posible incluso que una aproximación y dinámica de la totalidad completamente integrada y auto-curativa es el principal y tal vez el único mecanismo que la humanidad tiene a su disposición para superar el terror de la historia. Esta perspectiva también sugiere la posibilidad de que la vida humana esté de alguna forma abierta a ambos extremos de su espectro a algún tipo de vacío vivo, con una imperceptible densidad subcuántica, que quedaría tanto por encima como por debajo de los límites marcados por las líneas L y N y a lo largo de la línea I a G. Por consiguiente, este modelo nos permite concebir que la totalidad de la vida, incluso la vida personal, debería ser interpretada desde una perspectiva transhistórica y transpersonal (Eliade, 1994, cap. 3). Sin embargo, esto exige de nosotros una vez más que seamos testigos del proceso global de la vida desde una perspectiva desapegada y sub specie aeternitatis, lo que nos permite entender aún mejor el adagio del gran Spinoza: "Mientras mejor entendamos las cosas particulares, mejor comprenderemos a Dios" (Spinoza, 1976, pág. 152) - una frase de esperanza, tal vez, incluso para el empirismo científico de nuestros días. Un actitud vital que, probablemente, tan sólo es accesible a unos pocos héroes del espíritu.

Asimismo se torna fundamental darse cuenta de que las distintas filosofías acerca de la apertura o cierre final del Mito del Eterno Retorno determinan no sólo nuestro concepto de nosotros mismos, y cuál es la esencia última de la realidad, sino que también definen las diferentes y opuestas agendas políticas, estados de conciencia, e incluso el significado último de la existencia humana. Una u otra elección también adscriben al papel de la humanidad posiciones muy diferentes en la ontología cósmica, la evolución y la historia, colocando en posiciones muy diferentes el sentido y la esencia última de la naturaleza humana, el libre albedrío y el destino. Cualquier enfoque o escuela filosófica que defienda la naturaleza del Mito como cerrada tan sólo nos deja con un arcaica, y exenta de sentido alguno, repetición de las mismas situaciones una y otra vez. Ello condena a la humanidad a considerarse como el sujeto pasivo e inútil de un círculo vicioso incurable que constituye el terror de la historia, hundido para siempre en un narcisismo maligno mítico-racial y colectivo-prepersonal (y pre-edípico) tanto como en una nietzcheana voluntad de poder como único valor último. En este caso, esos valores quedarían como las únicas muletas dejadas a una pobre humanidad en su triste peregrinaje sin sentido a través de la vida y de la historia. Esta conceptualización cerrada del Mito arrastra ineludiblemente al contexto y cosmogonias arquetípicas detrás de cualquier totalitarismo, ya sea el de los "completamente profanos" o el de los "completamente sagrados", cada cual con sus diversos fundamentalismos religiosos y/o-políticos ? los descendendores o ascendedores exclusivos respectivamente, si utilizamos la terminología de Wilber (Wilber, 1995, cap. 9). En otras palabras, marxismo o fascismo. Sin embargo, una comprensión mejor y más holística del Mito del Eterno Retorno como un "fenómeno autotrascendente" contribuye al alivio, si no a la eliminación completa, del terror de la historia, proporcionando al menos un significado a la presencia del sufrimiento y del dolor humanos. Finalmente, a través de esta última concepción del Mito es posible también superar las limitaciones del tiempo "personal y linear" - en otras palabras, tener la oportunidad de alcanzar una libertad y liberación finales así como salvación para todos los seres conscientes.

En resumen, el estado actual de las cosas en el mundo, hace probable que nos estemos acercando a una nueva metasíntesis y megasíntesis en forma de una nueva e integral teoría del todo, un escarbar e investigar aún en mayor profundidad en interrelaciones y conexiones universales. Globalmente, es probable que el enfoque CCPC contenga dentro de sí el potencial para ayudar a los seres humanos a darse cuenta de que todos los diferentes conflictos, ya sean políticos, personales, médicos, etc., pueden tener una y sólo una vía final común y dinamismo, no importa que cada uno se exprese a sí mismo, o sea expresado por los hombres, a través de una multiplicidad de manifestaciones externas (un "todas las enfermedades, crisis y conflictos son uno"). Este concepto para-taoísta y no dual (supradualista) nos lleva a considerar la existencia de unas muy pocas, pero muy amplias, leyes universales, casi inespecífcas, arquetípicamente detrás de cualquier campo propiciatorio o morfogenético. Estas leyes predeterminarían todas las posibles manifestaciones externas, incluso el bien y el mal, en las diferentes disciplinas de la ciencia y el conocimiento, así como su naturaleza más íntima e interrelaciones entre ellas (Buber, 192; Harguindey, 198; Peck,1983; Tada, 1996; Wilber, 1998). De aquí en adelante la teoría CCPC podría muy bien contribuir a alcanzar un mejor entendimiento e interpretación de los grados de relación dualista y/o adualista entre los aspectos trascendentes y/o imanentes de la naturaleza humana y de la vida (Panikkar, 1993, 1998). Puede incluso contribuir finalmente a lograr una mayor penetración en la comprensión de los orígenes y naturaleza de llamaradas de intuición desnuda, es decir, sin antecedentes previos, la verdadera creatividad, los fenómenos de serendipismo (o hallazgo espontáneo de hechos no buscados intencionalmente), así como los de sincronicidad.

Los ciclos espirales siempre permanecen abiertos, así que nuevas preguntas y respuestas surgen a cada paso. Algunas preguntas mientras que otras nuevas siempre nacen.

Tiempo y eternidad -

La primera pregunta que surge de la teoría CCPC sería: ¿puede este enfoque completamente sintético allanar el camino hacia una aproximación general y quintaesencial a las crisis y los conflictos y ayudarnos a mejorar nuestro entendimiento de la naturaleza última y espectro de la realidad? La segunda cuestión sería: ¿puede esta teoría de "todos las partes al mismo tiempo", derecha e izquierda, arriba y abajo, ayudar a ensanchar nuestro concepto de empirismo y alcanzar una epistemología más profunda? Y en tercer lugar, puede este concepto ayudarnos a enfocar la resolución de las crisis y los cambios en campos que van desde lo personal a lo científico y desde lo social a lo político?

Otra posibilidad que se mueve dentro del contexto del CCPC proviene de una ampliación mediada por un hallazgo basado en el serendipismo acerca de la idea de Maslow de utilizar como "ratones psicológicos de experimentación de laboratorio" a seres humanos, y entre ellos a los mas grandes creativos y ganadores, en el sentido de autoactualizadores, en orden a estudiar algunas de los seres más elevadamente unitivos entre toda la humanidad. ("los creadores") (Maslow, 1968). Dando la vuelta a esta idea de arriba abajo, nos preguntamos si tendría importancia práctica intentar exactamente la aproximación y enfoque contrarios. Esto requeriría elegir como "ratas de laboratorio" - o simplemente como animales, en este caso cerdos de investigación tomados de la granja animal de Orwell - a los caracteres más depravados y enfermos, mental y espiritualmente, tanto del mundo real como de la ficción literaria, desde Hitler y sus mefistofélicos, narcisistas y egocéntricos nazis a Lady Macbeth y los hermanos Karamazov - exceptuando a Alíocha Karamazov. Sus mentes extraordinariamente malvadas, y/o estúpidas, adquirirían así una misión constructiva, aunque de forma involuntaria, naturalmente, en un intento de comprender de manera sistemática las características generales, los patrones de (de)formación de sus conciencias y las dinámicas de este tipo de seres - "los destructores". Las esencias y conformaciones psicológicas y/o espirituales de estos último se hallan en el límite opuesto de "los constructores", autoactualizadores o autorrealizadores, uniendo los extremos más distantes a lo largo de una línea en la que se mueve el todo el espectro de la naturaleza humana y subhumana. La principal meta de esta empresa sería tratar de curar del mal y de ese narcisismo maligno que, nada infrecuentemente, posee a los seres humanos (Peck, 1983), y reemplazarlos por la empatía y la compasión. En cualquier caso, se hace urgente que un campo de estudio hermenéutico al respecto de naturaleza multidisciplinaria e integral sea creado.

- ¿Un luz al final del túnel? El punto G -

Ya que el tiempo cíclico no es un sistema que se cierra sobre sí mismo, como un pez que se muerde la cola, sino que salta, de forma inverosímil, al próximo estadio al final de sus puntos de inflexión críticos, el patrón entero, con todas sus subidas y bajadas, parece moverse en último término dentro de una pauta global ascendente y antientrópica (ver Figura 1). Es probable que esto conduzca a una evolución (¿teleológica?) desde una fase preperonal-cíclica (punto I), a través de una fase personal-linear, hacia un Edén transpersonal (punto G). Este se muestra como un amplio punto difuminado e ilimitado, infinitesimal e infinito a su vez, donde ambos, el tiempo linear y cíclico, finalmente se convierten en uno sólo: el instante inacabable de un eterno presente. Esta filosofía, principalmente defendida por Teilhard de Chardin (1965, 1989) y Mircea Eliade (1994), a la que también se alude en ciertos textos religiosos (Corintios 15:28), eventualmente dirige a la humanidad hacia un punto Omega, a un nuevo mundo, a una enantodromia, en definitiva a una condición transhumana. En el ya incambiable "estado G", los conceptos lineares y cíclico del tiempo histórico, y la historia misma, pueden llegar a un punto final. En este instante el sufrimiento, y la muerte misma, pierden todo su significado. Sencillamente, no son "necesarios" nunca más ya que han perdido todo sentido. En cierta manera, se hacen inexistentes.

La sensibilidad adquirida a través de todo el proceso de aprendizaje experimentado, desde los puntos más elevados a los más bajos de la espiral de la vida, con todas sus vueltas, nos proporcionan una clarificación del concepto de fe, y una nueva fe en sí misma, pero una que de ahora en adelante no se ve como ciega o dualista. El tiempo pasado en la oscuridad de la cueva - también platónica - ahora parece irreal, incluso como si no hubiera existido, un sueño, una pesadilla insomne a lo más. Las profundas e insondables aguas del océano de lo inconsciente ahora ascienden bruscamente a la superficie, contracorriente, y lo hacen todo consciente. Un nueva conciencia ha nacido así desde el fondo de la crisis y el caos. El investigador no dual, sin embargo, tendrá que enfrentarse todavía con muchos problemas de comunicación con el mundo exterior - todavía moviéndose gracias al ego orgulloso de una modernidad inmersa en un submarino ciego por la soberbia y la ignorancia del materialismo. Tal mundo, cada día menos contento y satisfecho de y consigo mismo, navega ahora a la deriva en su propio e inestable estadio interparadigmático víctima de su superficial conciencia, y sobre todo inconsciencia. Tal "ruptura de planos", desintegración y falta de cohesión, persistirá hasta que surja una "necesidad cósmica" que active un efecto- masa transformador, incluso de las estructuras más profundas, tanto de la conciencia como de la realidad externa. Tal vez, una de las misiones del movimiento transpersonal en definitiva consiste, en primer lugar, en despertar todo esto en la naturaleza humana, para posteriormente aportarlo y actualizarlo tanto desde el pasado como desde el futuro.

Ahora las decisiones pueden ser tomadas de acuerdo con la nueva fe, iluminación y comprensión. La Gran Crisis ha sido definitivamente superada. Ahora nos damos perfecta cuenta -¡qué sentimiento eureka! ? por qué la palabra crisis también significa "oportunidad de crecimiento". Un enfoque de alto nivel, como el recientemente denominado hermenéutica sagrada (Panikkar, 1999) es bienvenido. Puede ser que es a estos pioneros e investigadores aduales a los que Goethe, el lírico, dedicó las siguientes palabras de aliento, homenaje, y esperanza:

Mundo espacioso, vida capaz,

Años llenos de esfuerzo honrado,

Búsqueda incansable, firmemente fundada,

Nunca acabada, a veces redondeada.

Las viejas tradiciones, bien respetadas,

Las innovaciones, no despreciadas,

Aspiración noble, con alegría profesada:

¡Bien, estamos seguros de haber progresado!

(Zeydel, 1955, pág. 170)

Ahora, algunos seres humanos vuelven a vivir dentro del tiempo linear, también en el tiempo cíclico, e incluso en la intersección de ambos. Son los bodhisattvas de una nueva era. Allí, aquí, formando una cruz espiritual entre ambos, su tiempo transpersonal y transtemporal permite ya a esos seres renacidos percibir desde su centro más íntimo, interminablemente, una sutil fragancia que a través de un suave sonido nos susurra día y noche, noche y día, que al final ya no hay nada por lo que preocuparse y sufrir infinitamente porque existe "algo" dentro y/o fuera y/o más allá de la condición humana que es intemporal y eterno.

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Nota de agradecimiento: Deseo reconocer la ayuda de David Gutierrez Balmaseda por ayuda informática en la construcción de este artículo y del Dr. Jose Luis Arranz por correcciones y sugerencias de la edición en castellano.

Acerca del autor:

Salvador Harguindey es Doctor en Medicina por la Universidad del País Vasco (E.H.U.), especialista en Endocrinología y por las Universidades de Edimburgo, (Escocia) y Medical College de Georgia (USA) y de Oncología Médica por el Instituto Roswell Park de Búfalo (Nueva York) y autor de más de 100 publicaciones científicas en investigación de cáncer. Miembro de la Sociedad Europea de Oncología Médica y de las Asociaciones Norteamericana (ATP) y Españolas (SEPT y ATRE) de Psicología Transpersonal, ha publicado recientemente el ensayo sobre política integral y transpersonal: "Una Nueva Visión de la Vida y de la Política: caminado hacia Edén", aparte de varias novelas con anterioridad ("La Cuna de Don Quijote", "Las vidas de Daniel y George", etc.). Sus principales intereses versan sobre el papel de los saltos evolutivos de la conciencia en la resolución de conflictos interétnicos, la conformación de patrones subyacentes e intuitivos detrás de la creatividad científica, las relaciones entre el misticismo, la religión y la ciencia así como las vías finales comunes en el desarrollo y tratamiento de las enfermedades malignas.

Dirección: Dr. Salvador Harguindey
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(Traducción adaptada al castellano del artículo en el original inglés publicado en el Journal of Transpersonal Studies, vol. 19, 141-161, 2000) ( 2000, The Journal of Transpersonal Psychology ( 2000, Salvador Harguindey ( 2001 de la traducción al castellano, Salvador Harguindey